Escenas de la guerra. Bagdad.

 
Bagdad.
 

 

...un leve soplo movió la cortina y entonces el día empezó tarde su jornada. Lejos, talvez en la confluencia de los antiguos ríos, seguramente en los peñascos que encerraban la ciudad y que la convertían en nido de combates, allá, posiblemente, se escondía la última resistencia. En esta hora de calores la ciudad despierta nuevamente a la barbarie: los tanques americanos seguirían destrozando las calles mientras las ambulancias retirarían los cadáveres cuyas imágenes repetirán groseramente los noticieros internacionales. Y entonces, recordé la plaza de las banderas al final de la calle de las mezquitas: allí la encontré, perdida, recostada en la puerta de las abluciones y como último recurso le pedí ayuda; sé que no podía entender mi idioma extraño pero el tamaño de mi herida y el derrame escandaloso de la sangre pareció conmoverla. Los gritos de las mujeres envueltas en mantones negros, los golpes secos que algunos hombres aplicaban sobre las cajas mortuorias y el humo permanente con su olor a pólvora, se abrieron mágicamente a nuestro paso hasta llegar al hotel de Al- Fayad. Aquel era el trayecto obligado de los reporteros de guerra y de los fotógrafos  extranjeros, impotentes ante los gritos desesperados de los heridos, escondidos a montones en los edificios bombardeados que acogen por igual los soldados, las mujeres y los niños. Después de un año hemos entendido que toda la sangre derramada en inútiles esfuerzos de consolidar una patria islámica ha recibido solamente el desprecio de los dioses de la guerra, apostados indolentemente sobre las arenas de esta ciudad tan antigua como los palacios de Darío el Grande, arrasados en una noche de saqueo por los soldados de Alejandro, apellidado el Magno. A su lado, siempre cubierto su rostro, me hundía en los sudores de la fiebre, me desangraba en una habitación vigilada en la zona de seguridad, como si la última profecía estuviera a puertas de cumplirse: Argamedón llegaba al fin. Alá despedía sus estertores finales desde el Mar Rojo hasta los campos de petróleo en el reino de los jeques árabes. Ese día la encontré llorando por la pérdida de los suyos en la puerta de oraciones y después, encerrada en mi habitación con el único propósito de vigilar mi sueño, se quedó mirándome, incapaz de comprender que alguien en sus cabales pudiera escoger libremente llegar hasta su mundo.

Maldije su tiempo de tormentas del desierto, a pesar de su inocencia le grité mi rabia contra los poderes omnímodos anidados en Wall Stret, Londres y Madrid, al otro lado del mundo, al otro extremo del universo a donde no llega el ruido de estas calles ni la pestilencia de los muertos y en donde la pronunciación de su nombre, Zaida, “rumor de fuentes”, podía evocar injustamente la presencia de terroristas bárbaros. Allí, en la ciudad milenaria, orgullo de los persas, escenario de las mil y una noches y arrasada vorazmente por el imperio bajo la bandera de una mentira burda, quedaba mi cuerpo sin expresión, con su mano piadosa acariciándome la frente, mientras trataba de imaginarme el encabezamiento de la próxima portada: “Recrudece la guerra en Irak. Estados Unidos permanecerá hasta Abril de 2.008.”. Fin del informe.

 

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Comentarios:

Escrito por: Norberto       06/10/07 15:09
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Una crónica muy bien descripta en la crudeza de la guerra absurda. Un buen texto para insertar en una novela de relación.
Escrito por: claudia_ciru       29/09/07 15:11
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"Incapaz de comprender que alguien en sus cabales pudiera escoger libremente llegar hasta el mundo" Qué buena frase y qué buena historia has escrito. Me hizo llorar. Qué mierda de prejuicios, pasaba por tus historias sin leerlas por los títulos, porque no me van mucho las novelas ni las pelis bélicas.

Pero qué bien contaste todo, me gustó mucho la crítica que haces del tratamiento de la guerra en los medios, me gustó la descripción de la ciudad milenaria de las mil y una noches perdida por las bombas. Me gustó todo tu relato, me pareció poético, mesurado, triste, bello y fuerte.

Parece que hubieras estado allí. A mí me recordó todo aquello, que sigue, y me hizo llorar, desde Madrid, la ciudad avergonzada cuyas gentes salían a las calles a pedir cordura a su gobernante.
Escrito por: perrosabueso       20/09/07 17:14
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Ya la habia comentado, pero te vuelvo a decir que es uno de tus aciertos mas grandes, uno de los mejores cuentos de este sitio, no hay manera de ir punto por punto para mencionar su excelencia, el cuento es todo una maravilla.
Escrito por: INGRID_CHILE       11/09/07 05:09
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Fuerte, conmovedor, bien narrado, en este estilo, indudablemente eres el mejor. Saludos amigo.
Escrito por: crizangel       09/09/07 03:07
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Te felicito por ta excelente relato, nada mas cercano a la realidad, no se si lo has pasado personalmente, o ha sido producto de tu talento combinado con la cercania de informes de tal evento tan cruel.
Para mi, en lo personal es mas que necesario que sea publicado, que no se quede en el silencio, que se saboree la muerte, la podredumbre de algo que tratamos de ignorar a diario.
Muchas, muchisismas gracias por tal aporte.
Escrito por: marion       09/09/07 02:01
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increiblemente crudo, brutal y lo peor de todo absolutamente cierto. buenisimo.cuidate
Páginas: 1

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