


| Escritor: | Eugenia |
| Públicado: | 23/09/2007 |
Si un personaje de un cuento logra sostenerse del borde de las hojas de un libro, puede ser que logre salir a la realidad. Es por eso que las páginas de los libros tienen márgenes blancos, por que los actores de un libro siempre tienen los brazos y los dedos cortos, y ese espacio que nos parece pequeño, puede ser suficiente para impedirles escaparse de entre las letras. Los personajes de un libro son esclavos y están presos entre una y otra palabra, sólo tienen espacio para vagabundear entre una y otra línea y agradecen el interlineado doble porque les queda espacio para estirar las piernas, pero maldicen los capítulos porque no pueden conocerse con los personajes de las página siguientes.
De todas formas, siempre hay quienes no se rinden y logran escapar.
Este es el caso del héroe de chicle, que fue creado de docenas y docenas de chicles y fortalecido por el paso del tiempo, su táctica es aferrarse a sus enemigos, que están constantemente... persiguiéndolo. Bueno, eso lo dice él, porque lleva unas ojeras inmensas y dice que puede verlos en todos lados, mientras su mirada gira en todo su alrededor y se mece sujetándose las rodillas. Así que, en todo su cuerpo deformado y mutilado de tantas veces que sus enemigos se lo han despegado de su cuerpo, se pueden ver también cadáveres de otros que no han podido soltarse del héroe de chicle.
Este debe ser un sujeto peligroso. Así que, en las páginas de sus libros siempre hay más de cuatro centímetros de margen y sus historias son cortas porque se desperdicia mucho papel en seguridad.
Pero una calurosa tarde, logró expandir tanto su cuerpo que fue capaz de salir y materializar su cuerpo. Este es el hecho: escapó del libro porque ¡le tiene miedo a... sus enemigos!, bueno en verdad le tiene miedo a todo, y detesta tener que luchar porque a una viejita le robaron su bolso y tiene que perseguirla para que responda por el ladrón al que golpeó tanto, que murió. Así que, luego ve a las mujeres indefensas, a los pequeños niños, a las señoras con tacones, a las muchachas de faldas cortas, a los colegiales, a los ciegos y a los mendigos, que le persiguen con sus crudas armas para matarlo.
El héroe de chicle solo quiere vivir su vida en la montaña cuidando ovejas, y comer comida cocinada con leña. ¡Sólo eso!, se repite una y otra vez. Así que pensó que, ahí afuera, o mejor dicho, aquí afuera sería más posible realizar su sueño. No sé cómo, pero él se enteró de que en el mundo real se permitían muchas cosas que en la irrealidad jamás se permitirían, y que aquí nadie debía preocuparse por los indefensos, porque hasta eran ¡buenos!. Siendo así, ya no tendría que preocuparse por atrapar a esos condenados, y podría vivir en paz con su gente. ¡Qué mundo más perfecto!, ahora afuera, ya no tiene nada porque preocuparse, podrá criar a sus ovejas y cenar con los buenos.
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