EN SUBIDA (O MUERTE)

          Con el índice aprieta el número siete del botón redondo encajado en el tablero de mando del ascensor de la Torre Atlas. El dedo y el resto del cuerpo corresponden a la señorita Michelle, secretaria de perfecto trasero y falda corta que se pinta las uñas tras el escritorio de la oficina 802. Se ubica al lado de Robles, júnior del departamento de Cobranzas. Junto a él la gorda Isolina de limpieza, que hace un gesto de desprecio cuando entra la rubia. Atrás Memé la impávida gerente de ventas de cincuenta y dos amargados años. El bigote de Don Victor a su izquierda a punto de rozarle el hombro y más adelante un gringo de origen desconocido y el mudo de las pizzas. Se cierra la puerta y se eleva el ascensor. El marcador dice Piso 2, pero en vez de abrirse la puerta se apaga la luz. Del ascensor de la torre de babel salen infinitas lenguas, mugidos y tonos en dos metros cuadrados inundados por el pánico. Se enciende la luz y Memé yace en el piso desvanecida con la misma cara de culo que lleva lunes a viernes. ¡Muerta! Afirma Don Víctor con el pulgar, índice y medio sujetando el vacío absoluto de un pulso que debería correr por ese inerte brazo derecho. Deja caer el brazo. El ascensor se activa. El pánico cunde y el caos se hace presente como lo hace en las jaulas de los monos. Piso 3, pestañean las luces rojas del indicador. Nuevamente en vez de abrirse la puerta se apaga la luz. Silencio sepulcral. ¡Mierda! es el detonador con el que la gruesa de gorda Isolina activa el griterío de circo romano. Nadie ve nada. Todo se confunde. Todos se mueven. Arañazos se cruzan, patadones se conectan, puños cerrados se dirigen a cualquier parte, una mano loca aterriza sobre el seno izquierdo de Michelle. Grita como si fuera un orgasmo fingido. Se enciende la luz. Pómulos rojos, corbatas en dirección a ninguna parte, cabellos tejidos por arañas cojas. “Me agarraron una teta”. Llora inconsolable. “Quien te va a querer tomar una teta con una muerta acá dentro”, le replica Robles. Se siente el ascensor más vacío. Mirada hacia abajo. Grito 58 de la secretaria. Sobre Memé descansa el cadáver de Don víctor. Rápidamente todos comprende de lo que se trata y de modo automático se cubren las espaldas con los limpios espejos de las paredes. “A mi no me va a matar ninguna mierda ¿Me escucharon?”, dice la gorda enseñando el palo de la escoba en señal de defensa. El mudo aletea para decir algo que nadie comprende. ¡Oh , god! No!! Suplica el gringo que nadie conoce, al techo de vidrio donde se encuentra el mismo rogando a dios. “Dios no se aparece hoy día”. Piensa Robles. Se apaga la luz y comienza a ascender la caja de la muerte. La violencia en la oscuridad aumenta, los arañazos son más certeros y los golpes de puño anteceden a rodillazos. ¡Suéltame la teta!. Grita Michelle, ya en franco desenfreno histérico. ¡Aggghhhh! Se escucha en un declive sonoro. Y el ascensor se detiene.  Silencio. La luz roja indica Piso 4. Fiat Lux. Las cuatro espaldas que quedan se hacen una con la pared. Todo el mundo jadea. El mudo está tan doblado como el taco de la secretaria sobre la montaña de carne y grasa que forma el abdomen de Isolina, quien, con los ojos mirando hacia el más allá, posa de espaldas sobre el piso del cubículo macabro. ¡Oh, my god! ¡Oh, my god! ¡Fuck Jesúschrist! ¡Save me, pleaaasee!. Suplica desconsolado el norteamericano, demostrando que es el más inepto del lugar...o un asesino perfecto. ¡No me mateeeeen! ¡Noooo!!.¡Me quieren violaaaaar!!!. Grita de nuevo la rubia, alegando un ultraje a su reputación ya sepultada desde antes de entrar al ascensor. Mira, jadeando,   los ojos al gringo cuya mirada se cruza a su vez con la de la dama. El rubor del gringo coincide con el color del maquillaje que ahora radica esparcido sin forma en el rostro de la histérica mujer. ¡Gringo degenerado! Le vocifera a todo pulmón, al tiempo que su palma abierta es amortiguada por la mejilla ruborizada del rubio. ¡Este gringo maricón que nadie conoce es el asesino! concluye Robles y se abalanza sobre el yanky de manera exabrupta. Nuevo apagón y ya sabemos todo lo demás. ¡Ahhh! ¡Ahhh!. Repite el mudo al ver el cuerpo del gringo junto a los otros tres. Arriba el contador indica Piso 5. Se desespera. A Michelle ya no se le puede describir el peinado y la mini subida le deja ver medio muslo incluida la nalga tostada que junto a su compañera devoraron hace rato al colaless. ¡Tu le mataste, Robles hijo de puta!. ¡Pero si te atacó! Le contesta el junior. Aparte yo no le hecho nada. ¡Tu eres el asesino Robles maricón, lo supe –jadea- desde que llegaste al edificio los supe!. ¡Asesino! ¡Asesinoooo! ¡Auxilioooooooooo!. Y se abalanza sobre Robles que se intenta defender. El mudo intenta poner orden, pero solo parece gag de Búster Keaton. Apagón y alboroto. El ascensor sube de la mano de la muerte. ¡Ahhh! ¡Ahhh!. Grita el mudo cada vez más sonoro. De seguir así va a terminar hablando en el piso doce. ¡Déjame loca de mierda!... Se detiene la maquinita homicida. Silencio. Largo silencio. Sólo se escucha respiraciones agitadas. Las dos personas que quedan tienen los ojos muy abiertos mirando nada. El corazón a dos centímetros de ser expulsado por la boca. La luz no quiere encender. La mano suda al tiempo que se cierra. Silencio y jadeos. Piso 6 dice la cuenta roja y mortal. Se enciende la luz.  

 

      Se miran a los ojos con una rabia abismal. Asesino y futura víctima se odian como si ya hubiesen llegado al infierno. ¡Eras tu mudo reconchadetumadre! y la embestida automática del oficinista sobre el silente. Dicen que las personas con limitaciones en los sentidos desarrollan otras habilidades, en este caso era la fuerza que nunca pareció tener en ese cuerpo de fideo. ¡Ahhh! ¡Ahhh! berrea el asesino y lanza a Antonio Robles contra los vidrios ensangrentados del ascensor. Un trozo del panel cae junto al júnior que se incorpora rápidamente. Ver y tomarlo fueron una sola cosa. Ni que decir del certero tajo en el cuello que le propinó al criminal mudo que, echando borbotones por la boca y el cuello, comenzaba un descenso inminente hacia el piso regado de cadáveres y, por que no decirlo, hacia el infierno. Robles, con la mano cortada y sobreexcitado, mira consternado como se le va la vida al infeliz. El mudo muere por fin. El júnior no lo cree.  

 

      Piso siete y ante el hall de corte minimalista se abre la puerta de un ascensor que contiene un piso plagado de cuerpos sin vida y a Robles dándole rotundas cuchilladas con un trozo de vidrio al mudo que repartía pizzas. Robles, el júnior, o como dicen los titulares de los diarios: “El Asesino del Ascensor”.

 

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Comentarios:

Escrito por: Norberto       23/10/07 17:17
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¡Puff!, ZAFARI, que lograste alterarme… y todo en siete pisos. Hay picardía escrita desde el grotesco, pero no deja de ser un texto literario más de tu prolífica producción, donde ya he leído muy buenas historias que superan esta, sin desmerecerla.
Soy crítico porque tus escritos merecen la excelencia (no dije perfección). Por ello te sigo leyendo.
Escrito por: ysaiasnunez       06/10/07 06:05
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(No leo los comentarios, por lo menos no antes de escribir los míos)

De verdad que me sorprendió, usas del humor de negro de una forma muy buena, lo leí desde el "Libro-pdf" y no sé si perdió el formato pero se me hizo difícil seguirla un poco, todo estaba en un bloque. Reí mucho con la tipa que no paraban de tocarla. Y ése mudo ya sospechaba algo raro en él. Y el final, pues irónico, pero que no deja de ser real. Me gustó mucho.
Escrito por: claudia_ciru       02/10/07 17:17
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Muy buenas las descripciones y la creación de esos personajes tan cómicos apiñados en el ascensor. Muy bien plasmado el ambiente. Aunque no me hizo reir tanto como "Respuesta..." me gustó.
Escrito por: DILCIA       22/09/07 06:52
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Muy bueno, sin dudas me hizo recordar El coordinador una obra de teatro de Galemiri.
Es brutal.
Escrito por: Camionero       18/09/07 03:59
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Eres un genio.
Escrito por: Piegrande2       23/08/07 02:49
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Sin palabras...atrapante, excelente de principio a fin. Un placer leerlo. Muy bien pintados los personajes, la escena y el giro final...bueno, qué más agregar?
Creo que eres el escritor de Escribeya que mejor mantiene su calidad de forma constante a través de sus historias.
Saludos!
Escrito por: perrosabueso       22/08/07 18:15
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Sabes de mi adiccion a tus historias, pues tanto "Moomba", como "Los enanos" y "Respuesta..." me parecen geniales, y, en general, todas las otras gustan a uno u otro nivel. Me encanta en este escrito como mantienes la camara objetiva, pues es esta historia una escena absolutamente descriptiva, solo muestras al lector lo que se ve y se escucha, y apenas con una o dos pinceladas maestras le das el toque de ironia que el texto merece. Hay algunos escritores muy buenos en escribeya que optan siempre por contar la historia desde las perspectiva psicologica del personaje, sin ambientar, sin describir nada, y aqui se quedan. Tu abordas tus cuentos desde perspectivas diferentes, y en cada uno lo haces con la genialidad del buen escritor que eres. Los disfrute, el final es explosivo, uno se imagina al pobre Robles en la carcel, siendo el pobre el ultimo de los inocentes.
Escrito por: skylar       21/08/07 22:36
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Podría tan solo guardar silencio, pero aunque te caiga gorda te diré que tu estilo es punto y aparte...si hablaramos de niveles, bueno el tuyo y el de otros cinco de por aqui son los parámetros verdaderos de calidad en la narrativa...mis respetos y un gran saludo, disculpa no verle nada de malo y solo alabar tu trabajo, tambien me pasa con los cuentos de esos cinco escritores. Ciao safari, excelentes tus letras.
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