


| Escritor: | salale |
| Públicado: | 20/08/2007 |
Mire parcero, estar aquí no significa nada, si vine fue por mi vieja. Bueno; si, usted también tiene razón vine para poder pisarme de los tombos que me la tienen montada, por allá un mancito me sopló porque quise abrirme del parche… Es que no, uno tampoco está pa todas las cosas; una vaina es cargarse un muñeco por unas cuantas lucas, pero ellos querían ya que nos topáramos con un pirobo que le robó a un duro de Armenia y lo sacudiéramos con un abrelatas hasta que las cantara todas.
Pero en fin, hablemos. Créame que yo no le critico nada, aquí todos sabemos que mamá no hay sino una y que papá es cualquier hijueputa, yo sé de eso porque yo mismo le he hecho la vuelta a un par de peladitas y por ahí de vez en cuando visito a los chinitos para darles un dulce o acariciarlos un rato, pero al menos ellos saben quién soy, me han visto; en cambio usted parce, de repente aparece después de tantos años. Yo sé que usted me habló sólo por lo de la cucha y vea, sabe qué, se lo agradezco, porque a pesar de todo ella nunca me permitió pensar que no tenía papá y siempre me contó de usted, por eso quería conocerlo algún día para ver si era verdad tanta maravilla.
¡Ja! Es que hay que ver cómo mi vieja parecía como si estuviera en medio de un viajecito cuando hablaba de usted y decía que era el hombre más valiente del mundo porque la sacó de las calles, también decía que era muy inteligente porque todo el tiempo le mentaba un montón de tipos que dizque habían escrito libros muy importantes.
Ella quiso que yo fuera igual, pero vea yo nací negado para el estudio, además esos profes eran muy aburridos. Conmigo estudiaba El Flechas, mire ese güevón era todo mosca y se las sabía rebuscar por donde fuera, tenía muchas lucas en el bolsillo y se conseguía a las chinas más banderas, las más bonitas y por supuesto yo quise ser como él. Por que mi vieja se la pasaba de buenas intenciones, pero eso de aguantar hambre no es para nadie, así que aprendí a negociar con las pirañas y comencé a vender porritos en la escuela, después me ascendieron y comencé a ser vigía, usted sabe, yo era el que estaba pendiente si llegaban los tombos mientras los del fierro se encargaban del mandado.
Un día, uno de esos manes lo dejaron tieso en medio de un trabajo, así que yo sin pensarlo siquiera, y cagándome del susto, cogí el mazo y le di piso al man. Desde entonces me volví escolta de uno de los duros y la vida mejoró. Bueno, al menos hasta que el pirobo ese conoció a mi mamá y se enamoró de ella. Estuvo quieto por un tiempo, pero usted sabe como es uno de macho que quiere algo y lo consigue como sea; por eso me tocó pisarme de Armenia con mi mamá y venirnos pa acá, pa Medallo donde la tía, sólo que no me imaginé que le fuera a afectar tanto a la cucha porque figúrese que de entre tanto barrio preciso llegar al mismo donde usted estaba.
Antes de saber que usted vivía aquí todo estuvo muy vacano, el lugar, el trabajo y las peladas, hay que ver lo ricas que son las peladas de aquí y lo fáciles, estas no se andan con tantos remilgos como las de Armenia. Pero las cosas se complicaron, un man con el que la pasaba por acá se creyó muy abeja y me tocó ponerlo tieso, porque, mire usted que uno no puede dejarse hacer el tonto, después todos creen que le pueden hacer a uno lo que sea y quedarse fresco; no, nada vacán, a uno le toca hacerse el berraquito.
Lo malo es que la cucha se comenzó a enfermar de los nervios, primero porque usted estaba por acá y por eso dejó de ir a misa, luego supo que yo me había enfiestado con Maritza, la prima, y eso no le gustó para nada, pero fue peor cuando le contaron que yo andaba acostando muñecos por el barrio para conseguirme los quininis que le llevaba. No aguantó, pobrecita, jamás me imaginé que con el mismo fierro que me ganaba las lucas ella se iba a dar materile. Mire, si yo lo hubiera sabido jamás me habría ido a probar la matraca que me prestaron y dejado el mazo en mi cuarto, me lo habría llevado. Tal vez si antes de que todo esto pasó me hubiera siquiera imaginado que ella haría algo así, jamás me habría dedicado a esto. Bueno, creo.
Lo curioso de todo fue como se dieron las cosas. Usted tampoco se lo imaginó, ¿verdad? Cuando me llamó aparte creí que me iba a pedir confesión, pero resultó al revés, usted fue el que me la soltó a mí.
Mire, entre todas las parroquias elegir preciso la suya, bueno, es la principal del barrio pero había otra, sin embargo, yo quería la mejor para mi viejita.
Nada más me acuerdo la cara que usted puso cuando abrió el cajón y la vio, como que la reconocía y no la reconocía, ¿no es cierto? Es que claro, 19 años de no verla, debió haber cambiado mucho. Uf, sisas, ella cambió, jamás se me habría ocurrido que se juntara con un cura, con lo rezandera que era. Ahora entiendo porqué era una amante de la iglesia, ¿si me entiende? ¿Amante? Ejem. Si, qué pena padre, o le debo decir|
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