11 Historias capitulo 10: Sola (parte 7)

La doctora Wong le dijo que por esa semana dejarían el ejercicio, que ahondarían en la compresión de los temores, nuevamente, para crearle una seguridad emocional a Esther, y así fue, el ertso de la semana la doctora Wong trató de crear el mejor ambiente de tranquilidad a Esther, quien parecía comprender, pero a la vez ponía cierta resistencia que le impedía avanzar.

Finalmente la doctora Won enfrente nuevamente a Esther con sus temores, ese sábado a las 4 de la tarde nuevamente Esther estaba nuevamente en el jardín, frente a la doctora Wong, Franco y Nancy esta vez estaban en la puerta,  observando en silencio.

— Esther… haz demostrado gran avance, actitud… pero a la vez una debilidad que contradice todo lo anterior… solo te diré una cosa más… y se que tu como profesional me entenderás… como psicólogas sabemos que si el paciente no ´pone de su parte al menos un 20 por ciento, no podremos ayudarle, no como deberíamos… en este ejercicio para el cual estas más que lista… no pones ni el 10 por ciento… eso es una lástima, defraudas mi confianza… mi esfuerzo… y ¿sabes? Si esta vez no eres capaz de afrontar este ejercicio… creo que necesitaremos…. Usar la fuerza… llamare a un equipo del hospital mental para internarte y tratarte con medicamentos… los cuales no están en mis técnicas…

Esther la escuchaba atenta y nerviosa.

— No quiero eso, Esther… quiero que demuestres que sin el uso de fármacos puedes avanzar… y ahí si que te alejaran de franco… y a el no le irá muy bien… tu no estás en condiciones de cuidarlo… — le dice. Franco ya había hablado con la doctora, sabía que le diría a su mamá algunas cosas algo difíciles de escuchar, pero que no le haga caso, que todo va estar bien, que no lo separaran de su madre, que solo jugaría con sus miedos para acomodarlos a su beneficio. — ¿Quieres eso?

Esther solo gira a ver a franco quien estaba abrazado de Nancy quien escuchaba atenta y abrazando al muchachito.

— No… — responde Esther sudando

—… si sales de aquí… probaras que eres capaz, que te curaras… y después de hoy… todo será más fácil, para ti y para franco. Incluso para mí — sonríe.

— OK… no se imagina como me siento…

— AL contrario, se muy bien lo que siente estas semanas tan difíciles me han enseñado mucho de usted, he aprendido cosas muy interesantes y estoy segura de que podré ayudarla, y si esto no funciona, tengo una carta bajo la manga, una carta que sin duda te sacará de este problema si esto no funciona…

— ¿y por que no lo utiliza ahora? — pregunta Esther.

— por que es la ultima carta que me queda y… hasta que no agotemos todas las demás… esa no la sacaría… es la carta que tenemo todos los psicólogos… — sonríe. — Ahora… — comeinza a caminar en dirección a la acera. — … vamos, Esther…sígueme….

— ok… — inhala y exhala profundamente, mira a su hijo y le sonríe. — regresare en un par de horitas, amor… — le dice a franco quien le sornrie.

— Suerte, mamita…

— Gracias, amor… Nancy, cuídalo… — le dice.

— Si, Sra.… no se preocupe… cuando regrese ya estará bañado… la esperamos…. Mucha suerte, y todo estará bien… — le dice Nancy.

Esther entonces comienza a caminar hacia la acerca, a cada paso lento se acercaba a confrontar  su temor más grande, a cada paso se alejaba de franco, lo que la asustaba mucho y a cada paso también se acercaba a la calle lo que la asustaba también, la atemorizaba y la hacía sentir que a cada instante algo le pasaría, pero no se detenía, seguía y siguió tratando de dejar de lado los sonidos de la calle, que la asustaban, avanzó hasta donde estaba la doctora Wong, quien le dio el brazo para que esta se enganchara y pudieran caminar juntas.

— No sabe…. Lo que siento en este instante…. — dice Esther.

— Por cómo te enganchas y te aferras a mí me doy una clara idea, y tu temblor también me ayuda — sonríe y continúan avanzando.

Mientras en la casa.

— Espero tu mami pueda superar esto… ella es fuerte, pero tiene mucho miedo… — dice Nancy.

— Si, ojala pueda… ¡cierto! … — exclama Franco —… vamos al sótano… es nuestra oportunidad.

— Espera… primero tenemos algunas cosas que hacer… tienes que terminar unas páginas del libro…— dice Nancy caminando a la sala donde estaban los libros.

— ¿de verdad quieres que me ponga ahora a hacer tareas…? — dic franco incrédulo.

— Si, termina lo que estábamos haciendo… y nos encargamos del sótano… vamos…. Mientras más rápido termines…

— Ok… pero me parece injusto… yo quiero ir al sótano.

— Ya te falta muy poco… además tenemos al menos unos 45 minutos… date prisa — le dice.

Esther y la doctora Wong por su lado continúan caminando.

— Guarda la calma Esther, me estar cortando la circulación en el brazo. — decía la doctora.

— Es que estoy muy nerviosa, hace mucho que no venía por esta avenida… yo… me siento muy angustiada… nerviosa.

— Es normal, pero mira lo positivo, estas aquí… aun estas, es un gran avance, en serio que lo es…

— Siento que la gente me ve… extraña, ¿lo notas?... — pregunta Esther.

— no, es solo tu mente jugándote una pasada, la gente pasa y nos ve como cualquier persona normal… es quizás que no te conocen y como estas con una expresión de terror… es solo eso…

La gente que pasaba observaba extrañada a Esther, la veían como si fuera algo extraño, incluso algunos parecían alejarse, lo que llamaba mucho su atención y la hacía sentir peor.

— ya falta poco para llegar a la plaza, ahí caminaremos un rato, daremos unas vueltas por los parques y… nos regresamos… incluso podemos beber unos cafés…¿quieres? – le dice Wong.

— La verdad no… ahora lo que tengo es mucha sed. — dice Esther.

— Ok, unas bebidas frías entonces… — le sonríe.

Continúan su camino entonces.

Unos minutos más tarde en la casa.

— Ya tengo la llave, Nancy… — dice Franco acercándose a su maestra que estaba frente a la puerta del sótano — vamos… abrela. — le dice.

— para ser sincera… como que siento algo de miedo ahora yo… — dice Nancy con una linterna en las manos.

— Vamos… pensé que tu eras la que menos estaría asustada, no mas que yo… yo ya no tengo miedo… estare contigo…

— Lo se, se quee te he dicho que no hay que temer, es solo que… nunca me había topado con un fantasma… — sonríe — es algo nuevo para mi, yo no creía en ellos y mírame ahora, voy a por uno…

— Vamos a por uno… — corrige franco y le da la mano.

— Ok, chiquito… — toma la llave —… escucha… no sé qué haya abajo, posiblemente no haya nada… posiblemente todo lo que vimos haya sido parte de una alucinación producto del miedo… ya no lo se, pero una vez que bajemos se va a resolver la mayoría de nuestras dudas… solo… — coloca la llave en la cerradura. — solo… quédate cerca, no te asustes porque me asustare yo… y vamos a ver si esa loca es tan valiente contra 2 personas. — le da la linterna a franco.

Nancy abre la puerta lentamente, se fija en las escaleras iluminadas por la luz del corredor hasta unos escalones abajo, de ahí la oscuridad los guiaría por las escaleras hasta el sótano, Franco alumbra y comienzan a bajar, Nancy por delante, lentamente, paso a paso.

Pronto llegan abajo.

— Es un sótano grande — susurra Nancy.

Efectivamente era bastante amplio, aunque había una gran variedad de cosas arrumbadas en esquinas y por el medio del lugar, no solo cajas, también muebles, metales, tejas y cosas diversas difíciles de reconocer con tan poca iluminación.

— Aquí están las cajas que trajo mamá… — dice Franco iluminando unas cajas al lado de la escalera. — estas trajimos… como ves solo son unas cuantas…— ilumina a su alrededor— las demás cosas ya estaban aquí cuando llegamos…

— Revisemos… algunas de estas… quizás encontremos algo interés…— dice Nancy abriendo una de las cajas en el piso.

— espera ¿no iremos más atrás? — dice Franco. — tenemos que encontrar el escondite de esa loca…

— Si, pero primero echemos un vistazo, quizás así sabremos quién esa loca… o que es… — abre la caja que revisaba, dentro encuentra juguetes. — ¿seguirlo esto no es tuyo, franco? — pregunta Nancy cogiendo un oso de felpa.

— No… — franco se acerca y revisa alumbrando la caja —… no es mío y… la mayoría de cosas son de niña… yo no juego con esas cosas…

— Quizás son cosas de tu mamá, de cuando era una niña… — sugiere.

— No, el conejo de la tele no es de época — dice Franco cogiendo unos muñecos — mira… habían juguetes muy bonitos todo este tiempo en este lugar, de haber sabido…

Un sonido entonces proveniente del fondo los alerta, rápidamente Franco alumbra y se coge de Nancy quien no estaba tan relajada tampoco.

—Tranquilo… tranquilo… — dice Nancy, calmando al niño — puede haber sido un roedor…

Efectivamente un ratón sale corriendo del fondo y se esconde en algunas cajas.

— que susto, pensé que sería la loca… — dice franco.

— ¿No que ya no tenías  miedo, amiguito? — le dice con sarcasmo y avanzando al fondo entre las cosas.

Nancy toma la linterna y alumbra a la parte superior, donde ve unas ventanillas, se sube sobre un viejo mueble y las abre dejando entrar algo de luz.

— Mucho mejor…

— Si… — responde franco.

Siguieron entonces buscando entre las cajas, una tras otra tratando de encontrar algo que le haga referencia a la loca, alguna foto, ropas, recuerdos. Peor no encontraron nada de interés, solo viejos papeles, documentos y libros.

 Cada sonido los alertaba, los asustaba, los ponía nerviosos,  pero seguían su búsqueda, por un lado Nancy, y no muy lejos obviamente y donde haya luz, franco buscaba entre las cajas, finalmente un rato más tarde Nancy encuentra algo que le llama mucho la atención.

— ¿Qué es esto? — pregunta sacando unos periódicos viejos. —…no puede ser… no entiendo, franco… — dice confundida y muy preocupada.

— ¿Qué es eso? ¿Habla acerca de la loca…?

— no… bueno… no, pero… esto es extraño… — comienza a leer muy sorprendida el periódico.

— ¿de qué habla el periódico? — pregunta franco acercándose.

— Espera… — dice Nancy impidiendo que franco lea —… habla de tu mamá… — le dice.

— muchos periódicos hablaban de ella, de sus libros y de sus crónicas en algunas revistas médicas…

— sí, pero… esto es diferente, franco… debe ser una broma o un error…

— ¿Qué dice…?

Cuando Nancy se agacha para mostrarle a franco el periódico escuchan de la parte superior, del primer piso unos pasos, que los paralizan.

— ¿escuchaste eso? — dice Nancy en voz baja.

— la loca… Nancy… — se asusta el pequeño cogiéndose nuevamente de el.

— Espera… shiii… — lo silencia y escucha atenta, los pasos avanzaban por el corredor en dirección a la escalera, sabían que Esther no podía ser, tampoco la psicóloga ya que avisarían de su llegada y la casa tenia alarmas anti robos, por lo tanto era de suponer que era la loca, lo que enfrió a franco y a Nancy que no sabían que hacer.

— Vamos… — le dice Nancy a franco y corren se mueven hacia la parte de debajo de la escaleras donde esperaban estar a salvo, no se les ocurrió mejor idea.

Efectivamente se trataba de la loca quien caminaba en dirección al sótano, lentamente acercándose a la puerta y bajando las escaleras.

— ¿Qué vamos a hacer? — pregunta franco temblando y en voz muy baja.

— No te preocupes… factor sorpresa… estaremos bien… somos 2… — le dice tratando de calmarlo.

Mientras Esther y la psicóloga llegan a la plaza de la ciudad y caminan por los parques, Esther no podía evitar sentirse muy nerviosa y sentir como la gente la observava como a  un ser extraño.

— Me siento muy… mal, no me siento bien… quiero regresar, rocío…. Quiero regresar… — comenzaba a sudar— por favor… se acerca a una pileta y se moja el rostro en el agua —… me siento asficciada…

— Es normal, pero debes aguatar, todo está bien… no hay de que temer… todo está perfecto…— le dice Wong.

— no, no lo está — dice Nancy observando a los niños jugar en los columpios a unos metros de la pileta —… franco… quiero regersra con el, Wong… siento que me necesita…

— Son ideas vuestras, el esta muy bien… esta con Nancy en casa, esta seguro… tu…

— No… — se acerca a ella y la toma de los brazos… — necesito ir a casa… por favor… — le dice con agitación y muy nerviosa.

Un niño que pasaba a unos metros con su madre la ve y comenta.

— ¿esa señora esta loca, mami? — dice el niño.

— si, hijito, es una loca, vamos mas alla… — dice la mamá alejandoce con su niño.

— Compórtate, Esther — le dice Wong. — pensaran que estás loca…

— No estoy loca… quiero ir con mi hijo… quiero… ir con el… llévame… vámonos… — decía con angustia y desesperación.

— no, no te iras aun, debemos dar algunas vueltas y regresamos a casa…

— No seas cruel, siento que mi hijo esta en peligro… no quiero que le suceda nada.

— ¿Qué le sucederá? Está en casa con Nancy, es tu mente la que te hace esas jugadas para seguir internándote en tus miedos, lucha, Esther… eres fuerte, por franco…

— Franco… hijo… — dice  Esther regresando a la pileta y mojándose la cara n nuevamente en el agua.

La gente la miraba y se alejaba, pensaban que era una loca, Wong solo sonreía mirando a las personas pasar.

En el sótano de la casa Nancy y franco seguían escondidos mientras la loca bajaba paso a paso los escalones, pronto llega al sótano y se queda parada en la escalera, observando su alrededor, era como si supiera que algo no estaba bien, como si supiera que habían presencias extrañas en lo que parecía su hogar. Lentamente comienza a moverse entre las cajas ahora desordenadas, paso a paso, mirando a su alrededor.

Nancy y franco en las sombras oculto tras unas cajas, observaban paralizados como esa extraña mujer fantasmal se movía entre las cosas, moviéndolas, como olfateando, esperando alguna oportunidad para salir del lugar, su valentía se había ido, el enfrentarse a un ser desconocido  les había quitado todo valor, solo podían pensar en escapar de ese lugar, alejarse lo más posible.

— Cuando se aleje lo suficiente de las escaleras… tenemos que correr al primer piso… y salir de aquí… ¿ok? — dice Nancy.

— No… hay que sacarla de la casa… — dice franco susurrando.

— franco… no sabemos qué cosa es… no podemos enfrentarla… lo mejor será irnos… — explica Nancy.

— No… no ya no tengamos miedo… el miedo nos atrapa, nos encierra como a mamá… estoy asustado, pero ya no quiero… — intenta salir forcejeando con Nancy quien no lo quiere soltar.

— no franco… — dice pero no puede evitar que franco salga de debajo de las escaleras.

— ¡¡¡loca horrible, vete de mi casa, vete!!! — le dice saltando en un afán de asustarla.

La loca gira, finalmente dejando ver su rostro horrible, esquelético, demacrado, de ojos brillosos como faros, un rostro que franco conocía muy bien y que lo paraliza.

— ¿mamá? — dice franco al ver a la loca a la cara.

La loca pega un fuerte alarido y se lanza contra el pequeñín intentando atacarlo.

— ¡¡¡franco, no!!! — grita Nancy empujando a franco y recibiendo el impacto del fuerte golpe de la loca que la arroja fuertemente contra las cajas tras ella, dejándola inconciente.

— ¡¡Nancy!! — grita franco quien no sabía qué hacer.

La loca entonces gira a ver al pequeño y comienza a acercarse a e lentamente.

— ¡¡aléjate!! — le grita y le lanza cosas que encuentra, pero esto no parecía detenerla seguía avanzado hacia el niño.

Esther de alguna manera podía presentir que algo no estaba nada bien, su inquietud la atormentaba y no la dejaba tranquila, no podía estar quieta, no importaba los intentos de Wong de controlarla, esta estaba fuera de sí.

— ¡¡necesito ir con franco, llévame… vámonos…!! — repetía Esther.

— No, debemos quedarnos, — repetía Wong.

— ¡¡vete a la mierda!! — Le grita Esther — ¡¡quédate si quieres… — se gira y sale a toda velocidad alejándose de Wong!! — ¡¡¡¡franco, hijo!!! — gritaba mientras corría a toda velocidad por la plaza.

La doctora Wong solo la ve correr, y parece dibujar una sonrisa, entonces tranquilamente camina en dirección de Esther.

Esther estaba desesperada, dejó de lado por un instante sus temores y recorrió sin parar las calles de camino a su casa, no paró de correr en un solo instante, ni para tomar aire, siguió sin importarle la gente que la veía y se alejaba, solo quería llegar a casa con su niño, a quien sentía estaba en peligro, quizás por ese instinto de madre.

En unos 18 minutos aproximadamente había recorrido las calles y llegado a su casa, rápidamente abrió la puerta e ingresó.

—¡¡¡franco!!! — gritó.

Lo buscó por todas partes, a él y a Nancy, pero no estaban, entonces vio la puerta del sótano abierta y bajó.

—¡¡¡¡franco, hijo!!! — grita bajando las escaleras lo más rápido que pudo.

Al bajar se encuentra con algo que la deja fría, paralizada su temor mas grande entre sus ojos hecho realidad.

— No… — dice acercándose lentamente a lo que era el cuerpo de su pequeño niño, ensangrentado en medio del sótano, el pequeño estaba destrozado, era como si una vestía lo hubiera atacado, su rostro destrozado, sus pequeño cuerpo molido, era una escena espeluznante, Esther no lo podía creer. — franco… bebé… — se acerca y cae de rodillas, abraza el pequeño cuerpo de su hijo y comienza a llorar y a gritar desesperada. —¡¡¡¡franco, hijo… noooo!!!! ¡¡¡¿Quién te hizo esto?!!! ¡¡¡¡¿Quién?!!! — gritaba y llorada desesperada.

Del fondo, Nancy también herida, se despierta.

— Esther… — se esfuerza por decir… — franco… — también se sorprende al ver al pequeño destruido en brazos de Esther.

— Nancy…¿Qué… que pasó? – pregunta observándola ensangrentada también — ¿Quién hizo esto…? ¿Quién?...

Nancy intenta levantarse pero no puede más que arrastrarse y sentarse entre las cosas, estaba mal herida.

— Esther… no entiendo nada… yo… no entiendo que sucede… ¿Qué esta pasando aquí? — prgeunta.

— Franco… lo mataron…— dice entre lágrimas.

— Franco… ya estaba muerto… — dice Nancy arrojándole el periódico a Esther. —… explícame eso… no entiendo nada… — dice confundida.

— ¿qué? … — dice Esther tomando el periódico  en cuya portada decía lo siguiente:

“El sábado 11 de octubre del presente año, en la carretera centrar, a las 7:28pm unos asaltantes atacaron a la conocida Doctora en psicología Esther surcos, intentaron robarle, víctima de este robo fue su pequeño hijo de 8 años, Franco Surcos quien recibió un disparo en la cabeza que acabó con su vida inmediatamente, la doctora surcos quien presentaba  2  heridas de bala a la altura del pecho y la espalda se encuentra en el hospital santa Laura”

Al finalizar la nota se podía ver una foto de Esther y de franco.

— explíqueme eso, Esther…  no entiendo nada… ahí dice que franco… murió la noche del asalto… — dice Nancy tosiendo algo de sangre, el fuerte golpe de la loca le había destruido algunas costillas y el golpe herido quizás los pulmones —… no entiendo.

— Es fácil de explicar… — dice la doctora Wong bajando las escaleras al sótano.

Esther la ve, estaba confundida, no sabía que decir, no entendía.

— que… yo… — balbucea Esther.

— ¿Qué pasaria si te dijera, nancy… — mira a nancy en el suelo —… que no existes… ni tu, ni yo, ni franco…? — le dice sorniendo.

— le diría que es una puta loca de mierda…  — responde enfadada.

— Pues… sere una puta loca de mierda, pero… ni tu, ni yo ni ese niño muerto que traes en brazos — le dice a Esther — somos reales…

— ¿Qué dice? ¡¿acaso juegas conmigo?! — grita Esther.

— No… no soy yo quien juega contigo… es tu mente, Esther… piensa, recuerda… recuerda bien esa noche, la noche del asalto… ¿Qué ocurrió realmente? Recuerda… ya déjate creerte tu ilusión… recuerda…

— yo… no… esa noche, nadie murió… me robaron y…— Esther se queda en silencio y comienza a recordar.—no nos pasó nada… yo…

— recuerda… recuerda…

Recuerda, recuerda… palabras que resinaban en la cabeza de Esther.

La noche del asalto en la avenida.

— ¡¡No te muevas, muñeca, si te mueves te jodes tu solita!! — Le dice el asaltante armad al lado de ella, dejándola muy sorprendida.

— ¿Mami? — el pequeño no entendía y se asusta.

— Tranquilo, niño… no pasara nada si su mamá colabora con nosotros… — le dice el vendedor quien también saca un arma y apunta al pequeño niño quien se pone a llorar.

Esther se queda paralizaba, mirando a su alrededor, las armas, aquellos 2 sujetos y a su pequeño quien estaba muy asustado y llorando.

— Tranquilo, Franco, todo estará bien, todo…. — le repite y sonríe.

Esther entonces de un fuerte movimiento intenta arrebatarle el arma al asaltante a su derecha e intenta cerrar la ventana del copiloto presionando el botón, lo que parce funcionar, pero en el forcejeo el asaltante golpea a Esther en la cara, franco grita, el asaltante del lado de franco destroza la ventanilla de un disparo, disparo que le cae a Esther en la espalda, en lo que aprovecha el otro asaltante al verla perder concentración al girar para disparar también, al tener Esther las manos aun sujetando el cañón del arma esta la suelta, la bala entonces le da en el pecho, atravesándola y sin querer le cae a franco quien estaba intentando ayudar a su mamá, estaba justo tras ella, jalándola, la bala le cae en la cara.

— ¡mierda…! — dice el asaltante retrocediendo unos pasos, asustado por lo que sucedió. — puta madre…

—¡¡vámonos!! — le dice su compañero.

Ambos se van rápidamente.

Esther gira a ver a su hijo, no lo creía, las lágrimas cayeron de inmediato de sus ojos por todo su rostro, seguido de un fuerte grito que se escuchó por toda la calle.

Continuara... 

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