11 Historias capitulo 10: Sola (parte 5)

Algunos días después.

Nancy regresa del súper mercado.

— ¿me trajiste las galletas? — pregunta franco emocionado al ver entrar  a Nancy.

Caminan a la cocina.

— Si, pero no te las daré hasta después que almuerces… tu mami se enfadara… como la otra vez — sornie.

— Pero mamá aun no comenzara a concinar…— se queja Franco.

— Vamos, haz desayunado hace unas cuantas horas, amiguito… no seas gloton… — le dice colmenzando a colocar las cosas en el refrigerador.—ayúdame con algunas cosas.

Franco y Nancy comienzana a Colocar las cosas en el refrigerador.

Esther estaba en su habitación leyendo algunos libros, Nancy unos minutos después ingresa a su habitación.

— Ya esta todo, puede comenzar a concinar cuando desee… — dice.

— Nancy, muchas gracias… no se que haría sin ti, eres una gran… amiga…— le sonríe.

— Gracias, claro que referiría que usted… fuea quien saliera por las cosas…

— creeme  que eso me gustaría mucho pero…

— Por cierto… estuve hablando con mi padre y… me recomendó a una psicóloga… una especialista ene stos casos… y… me tome la libertad de… llamarla para… hablar con ella…

— ¿ah si?

— si, yo… pienso que quizás ella pueda ayudarla… no se donde escuche que un doctor necesita ir donde un doctor por que el solo a veces no peude ayudarse… por mas bueno que sea…

— Es cierto, pero, yo no se si este…

— Créame, hable con ella, le explique… no le dije su nombre, se que usted es conocida en este mundo de la psicología… solo le explique el caso y me dijo que podría ayudarla… y… si usted desea… podría decirle que venga un día de estos…

— No lo se, yo no estoy segura… creo que peudo… puedo yo…

— Vamos, hágalo por franco… me ha contado que sigue escuchando ruidos en la noche y ve cosas, escucha cosas… no ha visto a esa loca que dice, pero… me preocupa. Necesita el trajin de un niño normal… se que usted puede hacerlo por el… — le sonríe.

Esther sabía que debía buscar ayuda, Nancy se la ofrecía tenía que aceptar por el bien de franco, quien cada vez se veía más afectado.

Inhala y exhala fuertemente, Esther responde.

— De acuerdo… dile que venga… — le sonríe a Nancy.

— ¿De verdad?.... digo… claro, le llamare… y quizás pueda venir esta tarde… — dice sonriendo y regresando con franco.

Más tarde Nancy habla por teléfono con la psicóloga Rocío Wong

— entonces puede venir mañana temprano… — dice Nancy

— Si, — responde la pdiocloga por el teléfono — mañana a las 10 puedo estar ahí, y estudiare el caso de su amiga, estoy segura que podre ayudarla, tengo una técnica muy eficaz para estos casos…

— Ok, entonces la espero mañana, gracias y… que tenga un buen día…

Cortan.

— vendrá una doctora para mamá… — dice franco quiene staba la aldod e Nancy.

— SI, ayudará a tu mami, ais que en poco tiempo podrás salir al parque con tranquilidad… jugar con los vecinos… serás como los demás chiquitines…

— ¿podremos mudarnos también? — pregunta.

— sigues con esa idea…

— Es que no me gusta aquí… por lo que ya sabes…

— Ya te dije que es aloca no existe… y si existe pues ya se debe haber ido lejos, lejos, lejos… — camina unos pasos en dirección a la cocina cuando el teléfono suena. Nancy contesta.

— ¿hola? — responde.

— he… hola… ¿Esther? — responden, era la voz de Edward.

— No, ella… esta… — Esther se encontraba en la cocina —…ocupada, ya se la paso, ¿usted es…?

— Edward… dígale que necesito hablar con ella….

— ok, espere… — tapa la bocina — ve  y dile a tu mami que le llaman, franco. Un señor edward…

— ¿edward? Yo lo conozco… era amigo de mi mamá. — responde y va  donde Esther a su alcoba.

— espere un momento, señor… — dice Nancy.

— tu…¿Quién eres? ¿eres amiga de Esther? — pregunta.

— Soy la maestra de Franco…

— ¿Franco? Eso no es posible…

— ¿Por qué no?

— Porque franco…

En eso Esther toma le quita el teléfono a Nancy y cuelga.

— Perdóname… — le dice Esther a Nancy.

— ¿Ocurre algo…malo?... — pregunta Nancy sorprendida.

— Perdóname, es solo que….no quiero saber nada de… Edward… cuando llame… solo cuélgale… ¿si, Nancy? De verdad no quiero sabe r nada de é…

— Ok, descuida… cuando llame, solo… le colgare…

A Nancy le pareció algo bastante rara esa actitud de Esther, pero no preguntó más acerca de él, aunque le daba curiosidad.

— ¿Qué hay acerca de ese Edward? — le pregunta en vos baja Nancy a Franco esa tarde. —parecía que a ti te cae bien.

— Si, a mí me caía bien, era bueno conmigo…

— ¿Quién es? — pregunta.

— era un amigo de mamá del trabajo… a veces venía a visitarnos… me traía galletas…

— Entiendo — ve en dirección al pasillo donde estaba la alcoba de Esther —… bueno, sus razones tendrá tu mami… ¿Cuándo lo viste por última vez? — pregunta.

— ya hace mucho… antes de mudarnos, podo después de esa noche en que nos robaron y golpearon…el discutió con mamá, bueno, mamá le gritó feo muy feo…

— Entiendo… bueno… termina esos ejercicios y descansas 15 minutos, — le dice sonriendo — iré a prepararte una limomanzanada… — dice levantándose, el niño festeja.

Esa noche franco despierta a con muchas ganas de orinar.

Pero el miedo que aun sentía le impedía levantarse y dirigirse al baño con tranquilidad, así que durante varios minutos se aguantó haciendo mucho esfuerzo, pero no podía más. Trató de recordar lo que le dijo Nancy, que todo estaba en su mente, que con suficiente confianza seguramente alejaría a esa loca de sus pensamientos. Franco entonces decide levantarse de su cama, lo hace a hurtadillas, guardando el mayor silencio que pudiera, tratando de ser sigiloso, se coloca al lado de la puerta y se agacha y sale del cuarto a gatas, mira en ambas direcciones del corredor, el baño estaba a su izquierda, entonces sigilosamente comienza a moverse hacia él, lentamente observando siempre tras él, cualquier mínimo sonido lo alertaba, solo la luz tenue que ingresaba por alguna rendija o una ventana iluminaba el lugar, continuó lentamente hasta el baño, una vez ahí y luego de observar unos segundos la puerta del sótano logra ponerse de pie e ingresar al baño, cierra la puerta y hace lo suyo con mucho cuidado luego de revisar muy bien el lugar.

Una vez termina se asoma por la puerta del baño, al ver el corredor libre avanza por el con mucho cuidado, esta vez pegado a la pared, alejado de la puerta del sótano, avanza hasta su habitación, pero antes de ingresar piensa en ir a ver su mamá, su habitación esta al final del corredor del otro extremo a la derecha, avanza sigilosamente, paso a paso, siempre cuidado su espalda, atento a cualquier ruido, pasa por la sala de la casa, pero antes de seguir algo lo paraliza, escucha pasos provenientes de la cocina a su derecha… lo que lo hace retroceder y esconderse tras el sofá de la sala, muy nervioso y sin hacer ruido se esconde.

De la cocina la extraña sombra comienza a avanzar, poco a poco, se trataba de la loca estaba ahí justo detrás del mueble, parecía no notar a Franco quien estaba muy asustado, la loca vestida con unas telas viejas, sucias, rotas, despeinada y todo de negro continuó su avance entre la oscuridad de la noche, franco solo estaba ahí detrás del sofá en la alfombra tratando de controlar su respiración, de no llorar. La loca entonces continuó su avance lentamente en dirección al cuarto de franco quien al escuchar los pasos de la loca, comienza a rodear el mueble del otro lado, contario a donde la loca avanzaba, para poder verla, detrás del sofá logra ver como la loca ingresa a su habitación, unos segundos después la loca sale al pasillo nuevamente, parece buscarlo con la mirada, franco se esconde tras el mueble para no ser visto, la loca entonces continua su camino hacia el final del corredor, Franco se asoma y ve con sorpresa como la loca parece atravesar la puerta del sótano y desaparecer entre una especie de humo que se desvanece.

Franco que sedó ahí tras el sofá hasta que luz del sol comenzó a iluminar el lugar y entonces se regresó a su habitación sigilosamente  antes de que su mamá lo viera, aunque ahora estaba seguro de que la loca se escondía en el sótano de su casa.

Al día siguiente, unos minutos luego de que Nancy llegue a la casa.

— Nancy…  — le susurra Franco a Nancy.

— dime… ¿Qué ocurre? — pregunta.

— anoche… vi a la loca nuevamente…

— ¿ah si? Pensé que… ya no venía…

— Pues si, y vi donde se esconde…

— ¿ah si? — le dice Nancy siguiéndole el juego.

— Si, ella… se esconde en el sotano, ahora estoy seguro… la vi meterse atravesar la puerta… como un fantasma….

— Entonces… es un fantasma… ¿eso me dices? — pregunta.

— pues los fantasmas atraviesan las paredes… yo la vi, me escondi tras este mueble y la vi…. — Le dice — me crees…¿si?

— Si, yo…— le dice asentando y sonriéndole — … te creo…

— debemos hacer algo… para sacarla de la casa… para que no siga moelstando e intentando llevarme…

— ¿pero….que podemos hacer?  — pregunta Nancy.

— No se… pero tienes que ayudarme a sacarla de mi casa… es eso o irnos… pero mamá no puede salir… tenemos que sacarla del sotano…

— Ok, si eso te deja mas tranquilo… pues… de algun modo tenemos que sacarla… cuenta conmigo, pero ahora… termina la tarea… vamos…  — le dice sonriendo.

Nancy sabia que darle la contra a Franco solo lo haría sentir mal y le quitaría confianza, si el pensaba que esa loca se escondía en el sótano, tendría que lograr que afrontara ese miedo, y el parecía dispuesto.

Más tarde ese día, a las 10 en punto tocan a la puerta, Nancy se acerca a atender.

Se trataba de la Doctora Roció Wong.

— Buenos días doctora, — saluda Nancy.

— Buenos días… ¿y la señora Esther? — pregunta.

— Ya viene está arreglándose un poco — caminan a la sala.

— Franco, ella es la doctora Wong — dice Nancy.

— Hola, doctora... — franco saluda —…

— Lleva los libros y la laptop a la cocina, ahí continuaremos con las clases — le dice Nancy a Franco este obedece—... le voy a decir a la señora que venga, tome asiento, Doctora.

La doctora asienta y toma asiento.

— Sra. — dice Nancy ingresando a la habitación de Esther quien estaba sentada observando a la calle a través de la ventana —… la doctora está aquí… la está esperando.

Esther escucha eso y no responde, solo se queda mirando a la calle, nerviosa, aun dudaba, pero sabía que no podía retractarse, tenía que salir de ese poso donde estaba hundida. Luego de unos segundos responde.

— Dile que ya voy… necesito unos segundos…

— Ok, yo le digo… — responde Nancy.

Nancy y la doctora esperan a Esther en la sala mientras conversan un poco y beben un café que Nancy preparó.

— De verdad espero pueda ayudar a la doctora Esther, mi padre me dijo que usted es la mejor en estos casos… tengo mucha confianza en eso. — dice Nancy alagando a la doctora.

— No te preocupes, sé que podré ayudar a Esther, daré lo mejor de mí para que ella pueda, y como me dices, es seguro que el niño este comenzando a sufrir los daños colaterales del mal de su madre…  esto será un tratamiento que dependiendo del paciente puede tomar un tiempo, pero te aseguro que al final se recuperan…

— Eso espero, en este tiempo que llevo trabajando aquí pues… le he tomado cariño a la doctora y a su niño y me preocupan… sobretodo franco, pero de él… me voy a encargar yo, no es tan grabe por ahora… creo— sonríe.

— Buenos días Doctora Wong — Saluda Esther acercándose a la sala.

— Buenos días, Doctora Surcos — le da la mano.

— He… las dejo solas; debo continuar con las clases de Franco. — Esther se va a la cocina.

— Tomemos asiento — dice la Doctora Wong.

Ambas toman asiento.

— Sé que como… profesional de la salud mental, usted… — dice la doctora Wong — … sebe sentirse extraña al ser tratada por una colega, de estar en el diván, por así decirlo, pero… siempre es bueno estar ahí de ves en cuando, ¿no? No somos de acero… en algún momento un psicólogo puede caer ante algún problema psicológico, ansiedad, miedos, estrés, alucinaciones… y pues es importante pedir ayuda en ese instante, claro, si es que una misma no puede…  aunque a veces es… difícil y puede que nos parezca… absurdo o un insulto a nuestras propias capacidades… ¿es verdad? — pregunta.

— Algo así… debo aceptar que de no ser por Nancy, no hubiera pedido… o aceptado ayuda… quizás… hubiera inventado una psicóloga imaginaria un alter ego que me ayudara…

— Una representación de usted misma… es verdad, es una alternativa, pero que raya en la demencia… ¿no? Se ayudaría quizás, pero al costo de crear una especie de amigo imaginario que no podrá irse tan fácilmente… es bueno saber… y espero sea verdad — sonríe — que usted no tiene alucinaciones de ese tipo.

— Pues vera… solo tengo las básicas o entre paréntesis normales… escucho cosas, cualquier sonido me atemoriza… y… bueno, ya sabe… lo normal dentro de este caso…

— Ok… bueno, necesito hacerle un análisis… así que… — se pone de pie.

La doctora Wong se acerca a la puerta y la abre totalmente, igual con las ventanas que dan a la calle, corre las cortinas.

— Quiero que me diga que siente en este instante… — dice la doctora.

— Pues… algo de inseguridad… yo… — comenzaba a ponerse nerviosa —… no me siento cómoda… es… complejo de explicar… solo quisiera que cerrara las ventana y la puerta… yo…

El simple hecho de ver afuera le asustaba, ver a las personas pasar y mirar hacia dentro… le daba miedo.

No aguantó mucho y ella misma cerró la puerta de su casa y una de las ventanas.

— Lo siento… — dice Esther.

— No se disculpe, solo era un análisis simple… nada que usted no haya ya intentado seguramente… — regresa al mueble es seguida por Esther.

— he intentado muchas cosas… pero… no logro quitarme el miedo… es… es tan fuerte…

— Quiero que me cuente… el origen de ese miedo, quiero que me lo cuente, Nancy me dijo algo de un asalto en la carretera, pero…. Quiero escucharlo de usted, con claridad y lo más detallado posible… quiero analiza ese momento — saca un block de notas y un lapicero — Vamos…

Esther comienza a narrarle entonces la noche en que todo comenzó.

En la cocina, mientras.

— ¿crees que mamá se recupere pronto? — pregunta Franco.

— Si, sé que tu mamá pondrá todo de su parte, aunque nosotros también tenemos que ayudarla, darle ánimos… de esa forma mejorará.

— Yo le daré todo mi ánimo, quiero que se recupere para que todo vuelva a ser como era antes…

— Sé que lo logrará, ahora termina los ejercicios, tenemos que terminar hoy las hojas 98 y 99 del libro… — dice sonriente.

La doctora Wong escuchaba atenta y tomando notas, escritas y mentales de lo que Esther le contaba con la mayor claridad y detalle, analizaba sus expresiones, su angustia a la hora de mover los labios y llegar poco a poco hasta el momento de la verdad y poco a poco hasta donde estaba ahora, hundida entre sus miedos y vergüenzas.

— Me parce que… — dice La doctora Wong al terminar Esther su narración, — … lo sucedido no es lo suficientemente fuerte, como para provocar una agorafobia como la que suted presenta,… voya  confiar en que como una profesional, me esta ayudando, contándome todo lo que realmente sucedió esa noche…

— ¿dice que miento? — increpa Esther

— No, es solo que he visto casos de personas con un trauma mucho pero al que usted me describe y con actitudes menos… grabes, con temores menos fuertes… capaces al menos de poner un pie fuera de sus apartamentos… aunque incapaces de salir del jardín… pero como se sabe todos los casos no son el mismo… solo… digamos que pienso que hay algo más, algo quizás que no haya usted visto, algo que…. Descubriremos… quizás algo en su subconsciente… ¿lo ha pensado? — pregunta.

— en alguna ocasión… pero piense que mi temor va no solo por mi… si no también pro mi hijo… — agrega.

— Aun así…  me parece algo… extraño, pero… trabajaremos en eso, doctora. — le sonríe y se pone de pie. — Doctora… sé que se lo ha dicho a muchos pacientes… pero ahora le toca oírlo a usted…: necesito que me de toda su confianza y me sea sincera, pero sobretodo quiero que me diga si está dispuesta a trabajar conmigo, no oponerse a mis decisiones, ayudarme a ayudarla… y a recuperar su vida, que es la de su hijo… ¿lo hará? Respóndame y sea sincera. — sonríe nuevamente.

Esther la ve y recuerda esa expresión en ella misma, cuantas veces había estado frente a un paciente pidiéndole confianza y fuerza, no le quedó más que asentir  y aceptar, después de todo ella quería salir de ese agujero de temores donde estaba metida.

Conversaron unas horas más y la doctora Wong se fue, le dijo que vendría  3 veces a la semana en las tardes, de 4 a 6 de la tarde, que así se harían un régimen.

Nancy aceptó sin problemas, quedarse hasta las 6 de la tarde e incluso algunos minutos más esos días, para vigilar a Franco mientras Esther estaba en tratamiento.

Una semana más tarde.

— Bueno, Esther… es suficiente por hoy… — dice la doctora Wong levantándose del sofá. — nos veremos el Domingo… - recoge sus anotaciones —… ha sido una buena semana… comienzo a entender mejor tu mente… debo aceptar que eres difícil, y bueno, nunca había analizado y trabajado con una doctora — sonríe.

— Eres bastante buena, tienes una… técnica que no conocía… me hiciste recordar cosas de mi infancia… cosas que no recordaba… — sonríe poniéndose de pie también.

— Si, esa es la idea, lentamente… etapa por etapa… descuida, sé que en poco tiempo llegaremos a dar el primer paso…  — ve su reloj. — Las 7:00Pm vaya… se nos pasó el tiempo rápido — sonríe.

— Le agradezco el tiempo doctora, de verdad se lo agradezco. — caminan a la puerta.

— No te preocupes, va a ver ocasiones en las que vamos a tener que alargar las sesiones cuando sea necesario… ya estoy acostumbrada a eso…

Se despiden y la doctora parte.

Esther se dirige a la habitación de Franco donde Nancy estaba jugando con el en el piso de la habitación. Jugaban con un rompecabezas de buen tamaño.

— ¿y se divierten? — dice Esther sonriendo.

— Mami… ¿se fue la doctora? — pregunta Franco.

— Si, amor… regresa el domingo…

— ¿y cómo van, van bien? — pregunta Nancy poniéndose de pie.

— Si… estamos avanzando, poco a poco… — sonríe.

 — Bueno… creo que debo irme ya… — dice Nancy.

— Quédate a cenar… ya son las 7 debes tener hambre, yo también… quédate con nosotros… es mi forma de agradecerte las molestias… dice Esther.

— No es molestia, me gusta pasar tiempo con franco, divirtiéndome jugando… — se acerca a él y lo abraza— es un buen muchacho…

— ¿te quedas entonces?, preparare la cena ahora… — insiste Esther.

— Claro, me quedo… — dice Nancy sonriendo. —… pero le ayudare a prepararla.

— Ah eso está bien…

Esther y Nancy preparan la cena mientras Franco ve algo de televisión.

En la cena.

— una vez que llegué me di cuenta que los alumnos no habían entrado al aula… me gane un buen lio con la directora — dice Nancy riendo y contando una anécdota del año pasado mientras cenaban.

— Que gracioso, Nancy… nunca pensé que los alumnos fueran tan graciosos… — dice Esther.

— Si, pero eran buenos muchachos, me divertí bastante con ellos…

— Se nota que eres buena con los niños, me doy cuenta en como soportas a mi franco… que a veces se que es un travieso… — dice Esther mirando a franco quien comía alegre sus tallarines.

—  yo me porto bien…

— Si, franco es un buen niño, y si se pone muy travieso… pues lo pongo a hacer mas hojas del libro de cálculo— dice Nancy sonriendo.

— Noooo…. — dice franco.

Ríen en la mesa.

Conversaron amenamente durante un buen rato, contándose anécdotas de la universidad, de la escuela, recordando casos de Esther bastante extraños, hablaron y hablaron, sin querer pasaron un par de horas.

— Vaya… que tarde… — dice Nancy mirando el reloj de la sala.

— Es verdad… sin querer se nos fue la hora… — agrega Nancy.

— Bueno — Nancy se pone de pie — nos vemos el lunes, franco que disfrutes de tu fin de semana… te dejé algunas tareas, pero nada difícil, amiguito… — le sonríe.

— ¿no te quedas a dormir? — le pregunta Franco a Nancy.

Nancy sonríe.

— No lo creo… yo…

— Vamos, puedes quedarte si deseas, hay un cuarto extra… — le dice Esther.

— No, no… que se quede en el mío, le preparo la colchoneta y se queda ahí… será como una pijamada, como las que teníamos en la otra casa con mis amigos… — dice emocionado Franco.

— Depende de ella… — le dice a franco — si ella quiere quedarse… — mira a Nancy — no hay problema… — se pone de pie y comienza a recoger trastes.

— Bueno… tendría que llamar a mi casa… para no preocupar a mamá… peor si no hay problema, pues me quedo aquí… — sonríe— …podría contarte algunas historias antes de que duermas… — le dice a franco quien sonríe alegremente.

— ¡Iré a preparar tu cama! — dice franco y se va corriendo muy alegre.

— Hace mucho que no lo veía tan feliz… — dice Esther regresando por algunos platos más.

— Creo que por ahora al menos soy su única amiga, aparte de usted… — dice Nancy ayudándole con los platos.

— SI, y te lo agradezco.

— No agradezca lo hago con mucho gusto. — dice sonriendo.

Más tarde esa noche.

Franco le había preparado a Nancy una cama al lado de el, con una colchoneta, sabanas y algunas colchas para abrigarla, le había dado también una almohada de las de él.

— Veamos… — dice Nancy ya con una pijama que le había prestado Esther— ¿Qué cuento te gustaría que te leyera? — dice buscando en el librero de Franco.

— Pues… hace mucho que mamá no me lee, así que… cualquiera me gustaría escuchar… — dice Franco.

— Ok… veamos… — elije algunos y los revisa — creo que… este está bien, “La torre del Sueño” esa parece interesante, no la he escuchado antes…

— Tampoco yo… — dice franco sorprendido —… no sabía que tenía ese libro…— dice acercándose a ella.

— Bueno, mejor así… vamos… acuéstate y comienzo… ¿ya fuiste al baño? — le pregunta.

— No…

— Ve…  te espero aquí… — le dice Esther, Franco va corriendo — ¡no olvides lavarte las manos!

Nancy le lee a franco el libro, una entretenida historia sobre una torre magina en un bosque en donde al subir tus sueños se hacen realidad, al finalizar la historia franco había quedado profundamente dormido.

Por su lado  Esther también se acostó a dormir tranquilamente, después de mucho comenzaba a conciliar el sueño con facilidad.

Más tarde esa noche

continuara... 

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