11 Historias capitulo 10: Sola (parte 2)

— Tus referencias en pedagogía son muy buenas, y tienes una especialización en psicología infantil… interesante.

— Si, me tome muy en serio esto de ser profesora, no me gusta hacer las cosas a medias, me propuse que si iba a ser profesora y trabajar por niños debía estar preparada en todo sentido, no solo saber sobre matemáticas, historia y demás cosas , debía estar preparada para todo, para guiarlos psicológica y pedagógicamente. — le comenta muy seriamente.

— vaya, eso me sorprende, yo soy psicóloga clínica… no te lo mencioné, pero… comparto mucho de lo que me dices, pensaba igual que tú en la universidad.

— Mi padre era psicólogo, él quería que siguiera su carrera, pero me incliné más por la pedagogía… pero la psicología clínica es muy interesante, creo que será interesante trabajar cerca de una psicóloga… claro si es que me da el trabajo. — sonríe.

— Tienes las dotes suficientes, es más, creo que está demasiado calificada — sonríe.

Conversaron un rato más y luego de eso le dijo a Nancy que comenzara a trabajar con Franco, que se pusiera al corriente de donde la anterior maestra había dejado las clases, quedaron en hablar de los honorarios al final de las clases del día de hoy.

Al final de la tarde luego de que Nancy y Franco terminaron de ponerse al día este se despidió y se fue a su habitación para que su madre y la maestra pudieran conversar en la sala.

— La anterior maestra dejó a Franco en un buen nivel, es un niño muy bien preparado, no será difícil que se ponga al día, incluso hoy como jugando avanzamos bastante, Señora. — le dice Nancy a Esther mientras bebe una taza de té que Esther le había ofrecido.

— si era una buena maestra… — bebe también — y creo que tu serás un buen remplazo, ella regresará el otro año, tuvo unos problemas y salió de la ciudad, así que necesitare tus servicios por al menos el resto del año, para que mi hijo no se atrase, así que… que te parece si te doy 500 a la semana. — sugiere.

— Me parece bien, me parece muy justo, — se pone de pie y le da la mano. — entonces… ¿le parece si  comienzo a trabajar desde este lunes que viene? Así tendré tiempo de preparar las clases, conseguir los materiales didácticos, sé que tiene algunos, pero no son los más actuales y pues quiero darle a su niño lo mejor que pueda — sonríe.

— El lunes está perfecto — responde Esther y sonríe.

— así tendrá oportunidad de este fin de semana llevar a Franco al cine o de día de campo, ya que soy muy estricta a la hora de estudiar he… — hace un gesto de villana y sonríen.

Era obvio que aunque deseara hacerlo, Esther no podría sacar a Franco a pasear.

Luego de esa conversación la maestra se retiró y Esther continuó con sus cosas.

Como cada noche, Esther tiene problemas para conciliar el sueño y se pone a leer hasta altas horas, a veces se pasea por los cuartos de su casa, visita y cuida del sueño de Franco y a veces ve por las ventanas cuidando de que nadie este rodeando la casa, muchas veces también no duerme en toda la noche, solo se pasea de un lado a otro perdida en sus pensamientos y miedos, cada ruido le causa tención y la alerta. El mas mínimo sonido sospechoso la altera y le hace pensar que alguien o algo intenta hacerle daño a ella o a su niño. Una condición normal en personas con el problema de Esther y aunque ella lo sabe, le cuesta darse cuenta que todo es parte de una alucinación y que todo estará bien.

Como en muchas otras ocasiones el teléfono suele sonar, pero ella no responde, solo deja que la contestadora acepte los mensajes, siempre son de la misma persona.

“Esther, soy yo Edward, por favor respóndeme, sé que estás ahí, quiero ayudarte, ya respóndeme… puedes confiar en mí, no está bien todo esto, me preocupas mucho, y… te extraño también… un día de estos me gustaría ir a verte a tu casa… dime donde estas… desapareciste, necesito verte, ha pasado mucho tiempo, yo no me he olvidado de ti… solo quiero ayudarte….sé que ya no me quieres ver, sé que… sé que me dijiste que no me entrometa, pero no puedo, ¿sabes lo complicado que fue encontrar tu numero? Peor no importa… yo te quiero…”

Esther solo escucha recostada en una pared y mirando al vacío, ignorando totalmente el mensaje y en muchas ocasiones borrándolo.

El fin de semana ella y franco se pasaron la tarde viendo películas que había alquilado la vecina para ella, películas que franco disfrutaba ver una y otra vez aunque siempre fuera la misma.  Era ese básicamente todo su entretenimiento, ver películas y jugar juegos de meza, practicar algo de matemáticas y leer libros de aventura que franco disfrutaba mucho, aunque se moría de ganas de salir aunque sea al jardín de la casa a tirarse en el pasto.

—mañana es lunes, amor — le dice Esther a Franco la noche del domingo acostándolo en su cama… — ya sabes que debes poner mucha atención a Nancy, ella parece buena persona, le agradas le será fácil trabajar a tu lado y debes ayudarla… quiero buenas notas…¿si? No la enloquezcas como a la otra maestra. — sonríe y le hace coquillas al pequeño.

— No te preocupes, mami, también me agrada Nancy, no parece profesora…

— sí, es muy joven pero está muy preparada… — le da un beso en la frente y se pone de pie — … ahora a dormir, amor…

— ¿no te quedas un rato conmigo? Hasta que me duerma… como antes…

— Mmm… puede ser… — Esther se sienta acuesta a su lado y lo abraza.

Más tarde esa noche mientras finalmente Esther había logrado conciliar el sueño al lado de su bebé algo la despierta.

Un extraño ruido que se escucha desde la sala de la casa, el sonido era como de pasos, como si alguien estuviera caminando, lo que la atemorizó, rápidamente se escurrió de la cama sin despertar a Franco y tomó un bate de basebol que franco tenia entre sus juguetes, paso a paso lentamente se fue acercando a la puerta de franco la cual siempre estaba abierta, Esther no dejaba de respirar rápido, mientras sudaba y el sonido se acercaba, prácticamente lo sentía en el pasillo, lentamente se acercó a la perilla y cuidadosamente comenzó a cerrar la puerta hasta, el sonido de los pasos seguía avanzando, el terror en el rostro de Esther era claro, solo se colocó detrás de la puerta y sosteniendo fuertemente el bate se quedó ahí hasta que no escuchó nada más y la luz del sol iluminó el cuarto.

Es ahí cuando esos sonidos y esas ideas parecen desvanecerse de los pensamientos de Esther, quien sabe que todo está en su mente, pero está en esos instantes lo hace parecer tan real que la asustan, la hacen sentir un miedo tan real, que es incapaz de reconocer la realidad de la ilusión.

Así eran muchas de sus noches.

Finalmente inició la semana y Nancy muy temprano acudió a trabajar, puntual y muy preparada, estaba dispuesta a demostrar lo capaz que era con el pequeño niño.

Como ya era su costumbre mientras franco estudiaba con su maestra; Esther se sentaba frente a su computadora a buscar información, investigar y a tratar de conocer más a fondo todo acerca de su mal, para ayudarse, leyendo sus libros, una y otra vez, buscando una salida a este problema que sabía hundía a su hijo también con ella.

A Nancy le parecía algo extraño que Esther no saliera para nada durante todo el día, no le preguntó por qué pensó que sería inapropiado, pero tenía curiosidad, suponía que trabajaba en casa, o que estaba preparando una tesis o algún trabajo, al verla encerrada en su habitación en la computadora y solo saliendo para verla y preparar café eso supuso. No pasaba por su mente en ningún momento nada fuera de lo común, solo curiosidad.

Al pasar algunas semanas, el avance de franco era fantástico, había alcanzado y pasado por mucho la curricula escolar del año, estaba muy avanzado, Esther estaba muy contenta con el trabajo de la nueva maestra quien se esforzaba muchísimo.

Una tarde algunas semanas después.

Esther se había quedado dormida y franco y la maestra trabajaban como siempre en la meza del comedor

— bien, hiciste un buen trabajo… terminaste los ejercicios antes de lo que supuse, sin duda estamos muy adelante, franquito. — le dice al pequeño y le sonríe. — descansemos 15 minutos. — le dice.

Franco festeja levantándose y saltando de alegría.

— shhh…. No hagas ruido, tu mami está dormida… — ve en dirección a la alcoba— eso creo, ah estado muy callada… — se pone de pie y avanza sigilosamente hasta la puerta de la habitación.

Franco va tras ella igual de silencioso.

Efectivamente Esther estaba dormida, cansada de tanto leer y de todo lo que tiene en la cabeza había sucumbido ante el sueño, estaba acostada en su cama con la portátil y los libros a su lados. Nancy cierra la puerta silenciosamente y regresa con franco a la sala.

— Tu mami trabaja mucho, — le dice a franco en voz baja mientras caminan — debe estar trabajando en algo muy importante.
— si, — contesta franco — es muy importante lo que hace.

— ¿sobre que es su trabajo? — pregunta llegando a la sala.

— Mamá no me deja decir acerca de que trabaja…— baja la mirada el pequeño.

— entiendo, no te preocupes, no tienes por qué decírmelo, pero… debe ser muy importante, no ha salido de casa desde que estoy aquí… solo la vecina va por las cosas… sin duda debe ser un trabajo tremendo.

Franco asienta y se acerca a la ventana desde donde se ve el parque frente a la casa, cruzando la autopista, a unas cuadras.

Nancy se acerca a el y ve la mirada del niño.

— Mmm… creo que por ser tan buen niño te ganaste el salir al parque… — le dice sonriéndole.

 — ¡¿de veras?! — dice franco emocionado y brincando de alegría, hasta que recuerda que su madre le tiene prohibido salir y detiene su emoción mirando en dirección a la alcoba de Esther.

— ¿Qué pasa? ¿Pensé que eso te alegraría?... ¿no quieres ir? — le pregunta la maestra.

 — es que… mi mamá…

— dejémosla dormir, cuando regresemos ya abra despertado, así descansara mejor sin nuestras voces haciendo eco en la casa… ¿vamos? Te invito helado… tengo algo de calor — dice la maestra dirigiéndose a la puerta, ella ignoraba que franco no debía por ninguna razón salir a la calle.

Pero el niño ansioso y travieso hizo caso omiso, simplemente ignoró la orden de Esther y con una sonrisa fue tras Nancy, suponiendo que reversarían antes de que Esther despertara.

— Vaya, parece que nunca hubieras salido a la calle — le dice Nancy a Franco ya en el parque el verlo súper emocionado, saltando corriendo, tirándose en el parque.

— Hacia mucho que no venía — dice el niño brincando y corriendo muy feliz.

— ¿ah sí? Pero si el parque está a solo unos cuantos metros de la casa… — gira a ver la casa — crecí frente a un parque… — le dice mientras lo sigue a través del parque en dirección a los helados.

— ¿tu mamá te llevaba siempre? — pregunta franco.

— No siempre, pero muchas veces me iba yo sola… mamá trabajaba mucho, y no estaba en casa la mayor parte del tiempo…

— En cambio mamá siempre está en casa… bueno, hace un tiempo me quedaba con una niñera, pero desde… — se queda en silencio.

— ¿sí? Ibas a decir algo…

— No puedo hablar de eso…— dice bajando la mirada.

— no te preocupes, todos guardamos secretos, amiguito… — le sonríe — ahí están los helados, vamos… pide del sabor que desees, te lo habéis ganado — sonríe nuevamente mientras el niño corre donde el heladero.

Mientras en la casa Esther despierta.

Había logrado dormir un poco después de bastante tiempo y lo primero que hizo fue ir a la sala en busca de su hijo, el silencio no le sorprendió ya que supuso estaban leyendo o algo, pero cual fue su sorpresa y horror al no ver a su hijo en la sala.

— ¡¿franco?! — Preguntó caminando a la cocina — ¡¿Nancy?! — preguntaba mientras se movía rápidamente entre las habitaciones.

La angustia, la tensión, el miedo se apoderaba de ella, comenzaba a sudar, a desesperarse  — ¡¡Franco!! — gritaba corriendo de un lado a otro. No podía pensar solo la idea de no saber donde estaba su hijo la desesperaba.

Entonces la puerta se abre, Nancy ingresa con Franco muy sonrientes.

Esther al verlos se lanza contra franco y lo abraza, rápidamente cierra la puerta y se coloca tras ella, abrazando a su hijo ahí sentada en el suelo, esto asusta al niño quien se paraliza y a Nancy que no entendía absolutamente nada.

—Señora… yo…

—¡¡¿Por qué salieron sin mi autorización?!! — grita  Esther muy enfadada.

— Perdone… usted estaba dormida y… no quisimos…

— ¡¡tú sabes que no debes salir sin mi autorización, no debes salir…!! — le decía a franco sujetándolo fuertemente de los brazos, el pequeña estaba asustado.

— Oiga no fue culpa del… yo… — decía Nancy también sorprendida.

— ¡¡que no se repita!! — Mira a Nancy — Eres una buena maestra… pero si vuelves a sacar a mi hijo de la casa sn decirme algo, sin consultarme… te despediré… y no quiero hacer eso…¿entiendes Nancy? — le dice con una mirada de seriedad y de demencia.

— Ok… no pasará… descuide señora… — solo acepta bajando la mirada y observando como Esther abrazaba a franco, se podía notar como el niño temblaba.

El resto del día que la maestra estuvo ahí Esther se quedó en la sala con ellos, leyendo, observando, algo que incomodaba un poco a Nancy, pero no dijo absolutamente nada, solo hablo con franco lo necesario, al terminar la clase esa tarde se despidió como siempre y se fue hasta el día siguiente.

La actitud y la mirada de Esther la había dejado sorprendida, no entendía esa reacción supuso en un instante que habría tenido una pesadilla o algo así, y pensó en el por qué no la llamó al celular si lo sabía, no encontraba una buena respuesta para esa reacción, solo podía pensar en que Esther sobreprotegía mucho a franco y en que no debió sacarlo sin permiso de la casa.

Aunque la idea de que algo extraño ocurría no salía de su cabeza, le daban mucha curiosidad las cosas que el niño no decía y en parte le preocupaban, pero dado que franco parecía un niño bastante centrado y aplicado no le hacían pensar en algo de tal gravedad.

— ¿sigues amarga conmigo, mami? — pregunta franco esa noche mientras Esther y el cenaban.

— No, no estoy molesta… pero no debiste salir de casa… lo sabes, sabes… que no me hace eso muy feliz…

— lo sé, pero… no Salí solo… fui con Nancy…

— Como sea, no debiste y espero no lo hagas nuevamente… ¿de acuerdo? — le dice con seriedad.

— ok, no quiero que te enfades…

— Tranquilo, mientras estés conmigo aquí… estaré bien… — le sonríe.

Esa noche Esther nuevamente se quedó sin dormir, toda la noche se quedó paseándose por la casa, cuidándola, velando la tranquilidad de su pequeño.

 

continuara... 

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