11 Historias capitulo 10: Sola (parte 1)

11 historias – Capitulo 10: sola

—¡¡Franco, date prisa, llegaremos tarde!! — grita Esther desde su habitación a su pequeño hijo de 9 años quien se encontraba en su alcoba, terminando de alistarse para una reunión a la cual tenían que asistir.

— ¡¡ya casi estoy, mami!! — responde.

— ¿tienes problemas con el zíper? Puedo ayudarte…— le dice dirigiéndose donde el pequeño. Acomodándose los aretes.

— estoy bien, mamá, — responde Franco colocándose el saco de su elegante traje.

Esther Surcos era una muy reconocida Psicóloga, talentosa y exitosa.  Esa noche asistiría acompañada de su pequeño hijo a una reunión de gala organizada por la asociación de especialistas en salud mental, ella y muchos otros prestigiosos doctores en psicología, psiquiatría y otras áreas similares serian premiados por sus logros a través del año, por su puesto Esther sería una de las que recibiría mayores halagos y premios esa noche.

— te ves tan lindo, franco, tan elegante con ese terno. — le dice a su pequeño agachándose y arreglándole la camisa y la corbata que traía algo de lado. — esta es una noche muy importante para mami, ¿ok? Así que prométeme que te portaras muy bien… Milena, la hija del doctor Efrén estará ahí, y cada vez que te juntas con esa niña se te pegan sus mañas y su mal comportamiento, así que debes comportarte, no quiero que nada arruine esta noche, ¿si, amor? — Le da un beso al terminar de arreglarlo — confió en que te comportes. — le sonríe.

— No te preocupes mamá, me voy a comportar… — le dice sonriendo a su querida mamá.

— Estoy segura que así será, amor, — se pone de pie — ahora apurémonos, ya van a ser las 7, y debemos estar ahí a las 7:30PM

Esther sube a su hijo a su lujosa camioneta y se dispone a salir apresurada, estaba con el tiempo sobre ella, no podía llegar tarde a la reunión más importante del año.

Para su mala suerte la carretera principal estaba bloqueada por reparaciones del sistema de drenaje y tuvo que tomar una carretera alternativa, pero esta no estaba muy fluida.

— vaya, este tráfico sí que es horrendo, así no llegaremos jamás…— reniega Esther al ver que los autos no se movían y que estaba en un embotellamiento bastante espeso, ya eran las 7:02 Pm, tenía menos de 30 minutos. — Celebro las reparaciones que hace el alcalde — le dice a franco a su lado — pero pues cuando interfieren con mis planes si me molestan un poco, ¿Qué opinas, guapo? — le pregunta sonriendo.

El pequeño solo le sonríe y mira por la ventana las luces del alumbrado público, no estaba muy interesado en lo que su mamá le explicaba, después de todo era solo un niño, los problemas de la sociedad le era algo indiferente.

El celular de Esther suena entonces.

— Edward, — lee en la pantalla del móvil, rápidamente contesta. — hola, Edward, ya estoy en camino… lo que pasa es que estoy metida en un horrible embotellamiento.

— Si, lo supongo — le responde por el móvil —no es normal que tu no hayas llegado a una reunión 2 horas antes — ríe.

— Tampoco es para que exageres, ya estoy en camino, aunque… — asoma la cabeza por la ventana del auto, —… no parece que esto avance muy pronto, creo que ha sucedido algo adelante… espero que nos movamos pronto…

— igual yo, la reunión ya está comenzando, pero bueno, tampoco es que perderte el discurso de Harry sea la gran cosa, como yo lo veo pondrá a dormir a media audiencia — sonríe nuevamente y hace sonreír a Esther. — bueno, espero estés aquí pronto, te mando un besote, salúdame a Franco.

— eso hare, un beso para ti también, amor, nos vemos en un rato.

Cortan.

— ¡Mami, cómprame eso, cómprame! — dice franco emocionado por un vendedor de llaveros que a esas horas se paseaba por la autopista tratando de vender algo. — mami, cómprame un llavero del conejo de la televisión. — insistía el emocionado niño.

El vendedor observando al niño poner su atención en él se acerca a mostrarle los juguetitos de los llaveros.

— Franco, no es hora de comprar llavero, amor, además ya tienes muchas cosas de ese conejo, ya te he dicho que no es bueno comprar cosas en medio de la calle, yo…

— mami, por favor, solo ese de color amarillo… — insistía el pequeño.

Al ver que el niño estaba inquieto y al ver que los autos no se movían decide acceder a las peticiones de franco y  baja la ventana del copiloto, donde estaba franco.

— Buenas noches, ¿Cuánto cuesta ese de color amarillo, amigo? — pregunta amablemente Esther.

— Ese está…

Antes de que el vendedor pueda terminar la frase, por el lado del piloto, un sujeto aparece y amenaza a Esther con un arma en la cabeza.

— ¡¡No te muevas, muñeca, si te mueves te jodes tu solita!! — Le dice dejándola muy sorprendida.

— ¿Mami? — el pequeño no entendía y se asuata.

— Tranquilo, niño… no pasara nada si su mamá colabora con nosotros… — le dice el vendedor quien también saca un arma y apunta al pequeño niño quien se pone a llorar.

Esther se queda paralizaba, mirando a su alrededor, las armas, aquellos 2 sujetos y a su pequeño quien estaba muy asustado y llorando.

— Tranquilo, Franco, todo estará bien, todo….

Luego de esa noche la vida de Esther no volvería a ser la misma, luego de esa noche todo lo que ella pensaba era una vida normal, ordinaria se convertiría en una amenaza, en una pesadilla de la cual no le sería fácil escapar.

6 meses después de esa noche.

— ¡¿franco, ya estás listo?¡ tú nueva maestra viene en unos minutos, hijo… —Esther ingresa al cuarto del pequeño quien se alistaba. — ¿aún no te colocas los zapatos? — le pregunta.

— pero si estoy en casa, mamá, no sé por qué tengo que colocarme zapatos, además no estudiare con los pies,… ya me canso de cambiarme cada vez que venga la maestra…— dice renegando el pequeño.

— No reniegues, no seas maleducado, — Esther comienza a acomodarle los zapatos, — sabes que es importante mantener una buena presencia, además es como ir a la escuela.

— Yo iba a la escuela… — dice bajando la mirada algo decepcionado.

Esther inhala y exhala profundamente.

— Franco, amor… ya sabes que… mamá no puede llevarte y… no quiero que… no quiero que salgas… es peligroso ahí afuera... — le dice mirándolo fijamente y sentándose en la cama a su lado.

— Lo dices por lo de esa noche, ¿verdad? Pero… eso ya pasó y… estamos bien… no debes tener miedo, mamá… yo te cuido… ya estoy grande…— le sonríe a su mamá.

— si, estas muy grande, mi amor, — sonríe también— pero… no es buena idea, esa vez tuvimos suerte, no nos… no nos pasó nada, estamos bien, como dices, pero… pudo haberte sucedido algo horrible, o a mi… y pues… eso hubiera sido… no lo hubiera soportado… seguramente me hubiera vuelto loca… aun mas loca… — sonríe.

— pero tu me dijiste una vez que no hay que tener miedo, mamá… yo ya no tengo miedo, yo quiero salir a la calle, quiero regresar a la escuela… extraño a mis amigos…

— pero ellos vienen a veces a visitarte, franco, ¿Qué no vino Marilyn la otra vez? Y Peter… ¿no vino la semana pasada a jugar con tus muñecos del conejo? — le pregunta.

— si, pero no es igual, yo quiero ir al parque, correr… y no me dejas. — baja la mirada y hace un puchero. — y en este nuevo vecindario no tengo amigos…

— entiende, franco, yo… yo me preocupo por nosotros, no quieor que nos suceda nada, ni a ti ni a mi, mucho menos a ti, por eso lo mejor es que te quedes en la seguridad de la casa, y que estudies aquí, te prometo que estos era algo pasajero… si, pronto…. Pronto podremos salir y… pasear por ahí…

— lo mismo me dijiste hace unos meses y seguimos aquí dentro sin salir…— replica.

— estoy en eso, estoy tratando de mejorar… de… superar esto que sucede… — besa y abraza a su niño. — si necesito apoyo de alguien ese es de ti, amorcito… ¿verdad que mi hombrecito me apoya y me entiende? — le sonríe tomándolo del rostro.

El pequeño niño aun cabizbajo levanta la mirada y le sonríe a su madre a quien abraza.

— sí, mami, pero… tienes que tratar de curarte y dejar de tener miedo… yo ya no tengo miedo… deberías hacer lo mismo.

— estoy en eso, amor, estoy en eso.

Esther no podía sacarse de la cabeza la imagen de esa noche, la imagen de esos 2 sujetos apuntándole a ella y a su hijo, era un recuerdo que la asustaba, atormentaba y la hacía temblar de solo recordar. Luego de esa noche,  al regresar  con su pequeño, ambos temblando y muy  asustados, ella decidió mudarse de la ciudad, irse a otro vecindario, alejarse, lo que al inicio parecía de por si una decisión algo extremista se convirtió en una paranoia y en un trauma psicológico, poco a poco ya no quiso salir de su nueva casa, decisión que en una persona con su experiencia en traumas, y personas con problemas psicológicos, era una contradicción total a sus creencias y estudios, era difícil pensar que una persona como ella, con sus estudios, diplomados y experiencia en psicología pudiera llegar a sufrir de un trastorno como la agorafobia.

Este temor a la calle, a los peligros cotidianos la habían llevado a una sobreprotección con su hijo, al cual no envió más a la escuela, contratando a una maestra particular para que le diera clases en casa, algo que a Franco no le agrada mucho, ya que como todo niño de su edad necesita la libertad para salir a jugar con los demás niños.

En cuanto a su vida social; esta se ha, obviamente, reducido a nada, perdió su trabajo en la clínica en la que trabajaba, por suerte era una mujer ahorrativa, por lo que hasta ahora puede vivir fácilmente con los ahorros que tenía en el banco, pero estos no le van a durar para siempre, menos pagando a la profesora particular y los gastos de ella y su hijo.

Dado que ella no puede salir, una vecina se encarga de comprarle los alimentos cada cierto tiempo, es ella la única conexión que tiene con el exterior.

En tanto a sus amigos, no los ha vuelto a ver, y aunque su teléfono suena constantemente, esta no contesta, muchas veces.

La vida de Esther se ha reducido a los muros de su casa, despertar, limpiar un poco, preparar el desayuno, repasar las tareas con franco, ver algo de televisión, preparar las comidas y sentarse a leer sus libros de psicología, buscando una forma de ayudarse a sí misma, para recuperar su vida. Aunque la sola idea de salir a la calle la atormentaba.

El día de hoy una nueva maestra estaba por llegar, la anterior profesora estaba de viaje de urgencia y no podía seguir dándole clases a franco quien por ningún  motivo podía atrasarse en los estudios.

2 días antes una profesora particular, una joven llamada Nancy había respondido al anuncio colocado por la vecina a pedido de Esther en un instituto del centro, aparentemente la joven está preparada y hoy visitaría a Esther para que esta le diera el visto bueno, hablarían y si parecía calificada comenzara a trabajar con el pequeño.

La puerta de la casa suena y Franco corre a intentar abrir, su mamá va tras él, ya que él tiene prohibido abrir la puerta. Ella lo alcanza y por la mirilla de la puerta ve, se trataba de la vecina Verónica, quien le hace las compras a Esther.

Esther saca las llaves del bolsillo de su bata y abre los cerrojos de la puerta.

— ¿Vecina, cómo está? — Saluda Verónica a Esther — Franco, buenos días — saluda también al pequeño quien le responde con una sonrisa y tomado de la mano de su madre, para que este no saliera corriendo por el jardín, algo que se moría por hacer el pequeño.

— buenos días, vecina. — responde Esther.

— Me dirigía al súper y pensé que quizás necesitaría que le haga algunas compras o que le trajera algo… — le dice.

— Pues ahora que lo pienso… ya se ha terminado la leche y el arroz… solo me quedan fideos y patatas… yo… espere un instante… — Esther cierra la puerta con la llave y se dirige a su habitación, Franco hace un puchero al no poder quedarse mirando al exterior y se dirige a la sala a sentarse en el mueble, enciende la televisión.

— ¡nada de televisión a esta hora…! — grita Esther desde su habitación.

Esther revisa la caja donde guardaba su dinero y ve que solo había unos cuantos billetes, y que no serían suficientes para las compras semanales…  se dirige entonces a la cómoda y abre su bolso de dónde saca su tarjeta de crédito.

Se dirige a la puerta, Franco va tras ella al verla pasar.

— creo que tendrá que llevarse mi tarjeta esta vez, vecina, me estoy quedando sin efectivo, pero en la tarjeta tengo suficiente como para que compre lo necesario… — le dice a la vecina.

— de acuerdo, no se preocupe, vecina, ¿lo mismo de la última vez, cierto?

— sí, lo mismo… pero… ya no traiga del papel más caro, tráigame algo más… económico, — sonríe algo avergonzada.

—No se preocupe vecina, la economía ha cambiado y ya no nos podemos dar el lujo de vivir como reyes en estos días… bueno nos vemos más tarde vecina.

— sí, hasta pronto. — la vecina se va y franco forcejea ligeramente para querer salir, pero Esther lo detiene e ingresa.

— Mamá aunque sea déjame ver televisión hasta que llegue la maestra… — dice Franco dirigiéndose a la sala.

— ok, ok, pero apenas llegue la apagas… ¿ok?

El pequeño festeja sonriente y corre a encender la tele, pero la puerta suena nuevamente paralizando su felicidad momentánea.

— vaya, si es la maestra; tienes mala suerte, mi amor. — Esther sonríe y el niño deja el control remoto en el mueble y va tras su mamá.

Esther llega a la puerta y ve por la mirilla, tras la puerta una joven muchacha tocaba la puerta con una sonrisa en el rostro.

— No parece una maestra… — comenta en voz baja Esther mirando a franco quien estaba muy curioso.

Esther abre la puerta y saluda a la sonriente joven.

— Buenos días usted debe ser la señora Esther, hablamos ayer en la tarde, — la joven le da la mano a ella y a Franco  — Soy, Nancy Pereda, la maestra.

— Buenos días, Nancy, adelante.

La Joven ingresa a la casa.

— eres puntual, eso me gusta, llegaste exactamente a la hora que dijiste que lo harías. — le comenta mientras cierra con llave y coloca los cerrojos a la puerta lo que llama la atención de Nancy.

— Es una zona… peligrosa, esta, ¿verdad? — pregunta.

Esther gira a verla.

— ¿lo dices por los cerrojos? — pregunta Esther, Nancy asienta con la cabeza. — No, no se trata de eso… soy... adicta a la seguridad… — sonríe. — aunque no se aún mucho del vecindario llevo aquí tan solo unos 6 meses.

Solamente la vecina estaba al tanto del estado mental de Esther, la anterior maestra ignoraba totalmente que ella no podía salir de la casa por su trauma, y Franco tenía prohibido mencionarle algo a la maestra, ya que no era de su interés, solo tenía que preocuparse por estudiar muy duro.

— Bueno, él es franco, mi hijito. Saluda, Guapo. — le dice al niño el cual se acerca a la profesora y le da un besito.

—Qué lindo es, será un gusto trabajar con un chiquitín tan guapo… — le sonríe y hace sonrojar al pequeñín. — como me lo pidió traje mis papeles, mis referencias, curriculum, y recomendaciones de mis profesores y anteriores jefes y directores de los colegios donde di clases… creo que le va a parecer más que suficiente, modestia aparte. — le da el folder.

— Me parece bien, los revisare…  — los toma y caminan a la sala.

Ya ahí les da un vistazo y parece quedar convencida y conforme con la información y la preparación de la joven maestra.

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