11 Historias capitulo 09: A los 29 Años (Suspenso) (nueva historia 2012) (Parte 5)

Esa tarde al regresar al hotel Mirella escuchas una conversación de unas señoras mientras sube las escaleras, las señoras hablaban del incidente de esa mañana en la habitación 345 y de que casi se muere el huésped que ahí se hospeda.

— yo estoy en esa habitación con mi esposo… ¿Qué ocurrió? ¡Díganme! — insiste Mirella tomando de los hombros a una de las señoras

— Oiga… me lastima… — dice la mujer.

— Perdone, pero es que mi esposo y yo estamos en  esa habitación…

— Bueno, tranquila, todo no paso de un susto… el hombre estaba en el balcón… y este se cayó, de suerte no se fue con todo y terminó en el pavimento… peor según sabemos el hombre esta bien… o sea su esposo…

— Gracias… — Mireya corre en dirección a su habitación y rápidamente abre la puerta arroja sus cosas y va a la habitación donde estaba Fernando aun dormido.

— ¡¡Fernando!! ¡¿estás bien?! — le dice saltándole encima.

Fernando despierta muy asustado y ve muy espantada a Mirella.

— ¡¡¡¿Por qué no me llamaste?!! — le increpa unos minutos después de que este le cuenta lo ocurrido.

— No quería asustarte, y pues… no pasó nada… solo fue un accidente… estoy bien… — le dice.

— Pudiste haber muerto… y yo ni enterada… — camina en círculos muy preocupada.

— No te preocupes… solo… fue un accidente,  — se acera a ella y la abraza por detrás y le da un beso en la mejilla — … aquí estoy y… no me voy a ir… te lo prometo…

— No ,me prometas eso… sabes que… cuando en las novelas dicen eso…

— Si, lo se, pero esta no es una de mis novelas… es la realidad… — la gira poniéndola frente a el —y créeme, no me pienso ir a ningún lado… — la braza y besa.

Era obvio que ni Fernando ni Mirella estaban seguro de esas palabras, Fernando estaba muy asustado, sabía que la muerte lo alcanzaría tarde o temprano, de la misma forma Mirella comenzaba a pensar que quizás las paranoias de Fernando no se debían a cosas que solo estaban en su cabeza, las cosas que estaban ocurriendo a raíz de su cumpleaños número 29 eran cada vez más extrañas y solas se ligaban a lo que la bruja había dicho.

8 – Cara a cara

La siguiente semana tanto Fernando como Mirella fueron sumamente cuidadosos en su estadía en el hotel, terminada esa semana se regresaron a su apartamento el cual había sido reparado por completo.

Fue bueno regresar a casa y aunque los primeros días ni Fernando ni Mirella se acercaban a la cocina pues era más cómodo estar en su apartamento.

Fernando había recibido una llama da de la universidad, exigiéndole su regreso, su permiso había terminado ya, incluso sus vacaciones adelantadas, era tiempo de regresar o de renunciar, luego de una larga conversación con Mirella, esta logró convencerlo de regresar a la universidad a dictar clases, ella temía, estas semanas había estado muy pero muy sobreprotectora con él, pero sabía que no podía seguir así, que solo agrandaría el problema de Fernando y los de ella, así que convenció a Fernando de regresar a su trabajo. Obviamente lo llamaba a cada instante, cada cambio  ahora lo llamaba, a la hora de salida ambos se venían juntos en el autobús, algunas veces en el taxi cuando se les hacia tarde, de algún modo se habían unido más.

Todo parecía tranquilo, habían pasado 2 meses sin ningún problema aparente, hasta un viernes en la tarde que algo ocurrió.

Mirella esperaba a Fernando fuera de la universidad, había salido tarde por terminar unos trabajos para su clase de mañana, eran cerca de las 6 de la tarde, Fernando sale y ve a Mirella fuera.

— ¿te hice esperar mucho, amor? — le dice.

— No, — se acerca y lo besa — solo lo suficiente…

— de recompensa por ser tan linda conmigo te voy a llevar a cenar a un lindo restaurante… ¿Qué dices? — la abraza y caminan al paradero.

— Que lindo, gracias… — lo besa.

Ya en el paradero, Fernando detiene un taxi.

— ha sido un día complicado, mañana tengo 3 pruebas que hacerle a mis clases… los chicos están bien, aunque algunos necesitaran mucho esfuerzo, ya sabes siempre hay algún vago que no quiere estudiar… y eso que lo mío solo son letras…

— En mi clase también, no creas chiquititos, pero bastante flojitos, pero en ese caso es porque los padres no les exigen.

Se detiene un taxi y sube en la parte trasera.

— Carolina y Cegarra en la tercera avenida, amigo… — dice Fernando.

— De acuerdo, compañero…

Mientras el taxi avanzaba ambos conversaban de su día.

Una parada más adelante algo llama la atención de Fernando, Unos payasos y acróbatas bailaban en plena pista, a la luz de alto.

— Seguramente son payasitos callejeros — dice Mirella.

— SI, seguramente… aunque… no, — dice Fernando — están repartiendo unos volantes, debe ser de algún circo.

Pero no era de ningún circo, uno de los arlequines se acerca a la ventanilla del taxista y le da un volante, a Fernando no dado que tenía la ventana cerrada.

— es de una feria… — dice el taxista quien sin querer había oído la charla de Fernando y Mirella.

— ¿Una feria dice? — pregunta Fernando.

— Si, así mismo… — el taxista le da el volante a Fernando quien lo toma y rápidamente reconoce de que feria se trataba. El taxista avanza entonces.

El volante era de la misma feria que él había ido hace ya muchos años con sus amigos, feria que había marcado su vida de laguna forma.

— No lo creo… después de tanto tiempo… la feria ha regresado… — dice Fernando.

— es la misma feria a la que… — dice Mirella.

— Si, que gracioso — lee el Afiche — “Gran feria universal, venga y pase momentos hermosos con su familia y amigos, le aseguramos que no se arrepentirá, música, juegos, payasos y mucha pero mucha diversión” y mira… está en el mismo lugar de la última vez… en el centro… quizás podríamos ir un día de estos... Solo estará una semana…

— Olvídalo, no pondré un pie en ese lugar… — dice sonriendo.

Unos segundo después mientras el taxi cruza una concurrida intersección de la ciudad algo que no se veía venir ocurre, un camión de gaseosas se pasa una luz de parada y enviste fuertemente el taxi donde estaban Fernando y Mirella, destrozando literalmente el taxi que sale dando giros por toda la calle, el Chofer sale disparado estrellándose contra el pavimento, Mirella y Fernando quedan en el interior del auto inconscientes.

Fernando despierta en el hospital al día siguiente muy adolorido, tenía un brazo roto, la cabeza herida, costillas rotas, cortes profundos en muchas partes del cuerpo y el tobillo enyesado.

—¡¡Mirella, ¿Dónde está Mirella?!! — es lo que grita segundos después de despertar muy asustado.

Las enfermeras tratan de calmarlo y de que no se moviera, para que no se lastimara más de lo qe ya estaba.

— ¡¡mi mujer!! ¡¡Mirella!! — gritaba. ¡¡¿Dónde está?!! ¡¡Díganme, joder!! — insistía.

— Cálmese… — le decían las enfermeras — SU esposa está en cuidados intensivos, tuvieron que operarla de urgencia… sus heridas eran peores que las de usted… — le explica una enfermera. — podrá visitarla cuando pase a una habitación, solo le podemos decir que ella está luchando… está luchando… el accidente que tuvieron fue muy grave, el taxista… — la enfermera baja la mirada — no soportó… murió esta mañana…

— No… no es posible… maldición…¡¡mierda!! — grita y golpea la cama.

— Cálmese…

— ¡¡quiero ver a mi mujer… por favor… déjeme verla…!!

— No se puede va contra las normas, además usted esta muy mal también, no puede levantarse… descanse, le daremos unos calmante…

— ¡No, nada de esas cosas…  solo quiero verla! — insistía.

Para suerte al día siguiente Mirella sale de Cuidados intensivos y pasa a una habitación donde Fernando puede ir a visitarla.

—Mirella… ¿me escuchas, amor? — le dice sentado al lado de la cama.

— Esta muy dopada… ella… no lo escucha, cuando… pase el efecto de todos los medicamento ella despertara… — le explica el médico.

— ¡cayese… — le dice al doctor — sé que ella me escucha! — Vuelve a ver a Mirella, el doctor sale de la habitación — Mirella, amor… esto… esto es mi culpa… soy yo el que esta maldito… es a mi a quien la maldita muerte quiere, no a ti… y… tu por estar a mi lado siempre… no me perdonaría que te sucediera algo… pero lo voy a solucionar… ¿sabes? Ya sé lo que voy a hacer… y quiero que me perdones… — le dice acariciando su golpeado rostro — …perdóname por lo que voy a hacer… pero… si la muerte me quiere… pues que me lleve a mí, no quiero que a ti te pase nada… — le dice derramando unas lágrimas y dándole un beso en los labios — … llegó la hora de ver a la muerte a la cara… y a ver que es capaz de hacer ahora que la voy a enfrentar… —  coge un papel y un lápiz que había en la meza de noche al lado de Mirella, escribe algo, lo deja ahí para ella y sale de la habitación con una cara de decisión en el rostro.

Unas horas después Mirella despierta y lo primero que hace es preguntar por Fernando a unas enfermeras, pero estas le informan que su esposo se había ido del hospital en la tarde y que no saben dónde puede estar, esto asusta a Mirella, pero aún más cuando lee la nota que este le había dejado a un lado de la cama la cual decía:

“Mirella, amor mío, perdóname por esto que voy a hacer, pero no dejaré que la muerte te lleve a ti también al estar siempre a mi lado, no me lo perdonaría, voy a ponerle fin a todo esto, voy a afrontarla, voy a verla a la cara y si me quiere pues me tendrá, pero solo a mí, no quiero que se lleva a nadie más, menos a alguien a quien amo tanto como tú, te amo, Mirella,  y espero entiendas lo que voy a hacer”

Esto deja helada a Mirella quien no entendía, o no quería entender que es lo que en su locura Fernando intentaría hacer.

9:45 edificio Harrison

Fernando había subido a la azotea, donde había estado muchas veces con sus amigos en la adolescencia, disfrutando de la vista de toda la ciudad, del mar a unos kilómetros, de las luces de las estrellas de la luna, esta vez estaba parado en la cornisa, sujeto del medio muro, mirando a la muerte a la cara, se había quedado ahí observando la caída de más de 16 pisos, una muerte segura. Los fuertes vientos parecían a veces moverlo e incitarlo a saltar, pero el solo estaba ahí mirando hacia la calle, no estaba en sus cabales sin duda alguna.

— ¿Me quieres, muerte? ¿¡He!? ¿Me quieres, no es así? Pues aquí estoy… pronto me tendrás… pero a mi… no dejaré que dañes a quien más amo…  — decía en voz baja. — esto es todo… nunca voy a publicar, no llegaré a los 30… pero si alguien se encargará de acabar con esto, seré yo, no tu muerte…  — se dispone a saltar, pero algo lo detiene repentinamente.

— ¡¡¡detente!!! — era la voz de Mirella quien había subido a la azotea y estaba justo tras el.

—¿Mirella? — dice Fernando Girando a  ver sobre su hombro.

Ahí estaba su mujer, aun con la bata del hospital, vendada, cojeando pero acercándose a el.

—¡¡¿estas demente?!! — le grita.

—¡¡no te acerques, amor…!! — le dice deteniéndola. — esto debe terminarse ya, no soporto estar así, bajo la mirada de la muerte… y mucho menos ponerte en peligro a ti por esta maldición…

— No es una maldición, todo está en tu mente… no hagas una estupidez… no ahora… por favor…

— ¿Cómo me encontraste? — pregunta Fernando.

— Te he buscado por todas partes, me pase toda la tarde penando donde estarías… nunca imaginarás como llegue hasta aquí…

— eso ya no importa, ahora mismo acabaré con todo esto… — se dispone a saltar —... Perdóname, amor…

— ¡¡no, no lo hagas!!  No me dejes ahora, Fernando… además… te tengo una noticia que seguramente te hará reconsiderar todo… de verdad… — le dice acercándose unos pasos.

— ¿Qué dices?

— no es broma, créeme… lo que te voy a decir es muy cierto… te lo estaba guardando de sorpresa, porque… así me dijo que lo hiciera Eduardo…

Fernando gira a verla nuevamente.

— Van a publicar tus novelas en España… es en serio, Fernando… Eduardo me lo dijo hace una semana, el… le dio tus novelas a un amigo que tiene ene se país y… este dijo que tenían suficiente potencial para ser publicadas, las presentó al grupo editorial  yo les di la autorización desde tu página web… y… bueno, la publicaran… serás un escritor publicado, no aquí, pero si en España… no hay maldición… no tienes que… hacer esto…. Se acabó…

— ¿no me mientes? — pregunta Fernando.

— en todos estos años, jamás te he mentido, sabes que no te mentiría….

Fernando sabía que si algo Mirella no haría sería mentirle, se lo había demostrado todos estos años.

— Baja de ahí y… vamos al hospital… — le tiende la mano.

Luego de unos segundos de pensarlo le da la mano a Mirella y sale de la cornisa, abraza a su esposa mal herida. — Perdóname… perdóname, Mirella… — le decía mientras la abrazaba fuertemente.

— Te perdono… amor, pero no me aprietes tanto…. Tengo algunas costillas rotas aun…  — le dice adolorida.

Efectivamente Eduardo había logrado que publicaran las historias de Fernando en España, sus contactos en las editoriales le facilitaron mucho el proceso y comienzo de la edición e impresión, se imprimiría en una cantidad pequeña, pero eso solo para comenzar dependiendo del número de ediciones vendidas imprimirían más, y parecía que tendría buen pegue entre el ambiente lector español, ya que las fracciones que se imprimieron en la revista de la editorial donde publican fracciones de historias próximamente publicadas tuvieron éxito entre los fieles lectores.

Al día siguiente Fernando se pudo en contacto con Eduardo quien le explicó todo y le dijo que en unos días más le enviaría los pasajes para que viajara a España y estuviera presente en la Feria del libro, donde su amigo de la editorial presentaría su libro entre las novedades de ese año.

Fernando estaba de lo más contento, igual que Mirella, en solo unos días sería un escritor publicado, no en su país, pero si en Europa, donde el mundo de los libros era más apreciado.

Finalmente luego de recuperarse de los golpes, más calmado, y por su puesto luego de un breve paso por el Psicólogo, Fernando regresa a casa y preparan todo para el viaje, él y Mirella viajarían  a Europa para el día de la feria del libro.

— Me parece un sueño, ¿sabes? — le dice Fernando a Mirella mientras se acomodan en sus asientos del avión, Eduardo les había enviado un pasaje de primera clase.

— Lo sé, vas a ser un escritor publicado… debes estar muy feliz, lo lograste, sabía que lo lograrías… — lo besa y se coge de su brazo mientras el avión se alista a despegar.

Por otra parte Johanna estaba recogiendo a su hija en el colegio.

Sin darse cuenta golpea a un padre de familia que salía con su hijito.

— Disculpe, yo… — se disculpa el hombre y se queda mirando a Johanna. Sonríe y responde —… no te puedo creer… — le dice a Johanna..

— perdone… yo… no entiendo… — responde confundida.

— ¿No te acuerdas de mí? Que mala he… — le dice. — yo no me he olvidado de ti… mírate, joder… estas… igualita… soy yo…

Johanna sonríe, trataba de recordar a ese hombre joven, alto y guapo que parecía recordarla.

— Perdóname, yo no me acuerdo de ti… — le dice con algo de vergüenza.

— Soy tu promoción… Soy Arturo… Arturo Rojas Cárdenas…  — le dice y sonríe

— No te creo…  — ríe — pero… estas — se cubre la boca por la sorpresa —… estas… hay dios… mírate…

— Si, he cambiado mucho… he bajado algunos kilos… varios diría yo… — sonríen y se abrazan.

— Oye perdóname, amigo… yo… no te reconocí… vaya que sorpresa… — le dice. — ¿es tu hijito? — le pregunta.

— Si, se llama Franco — le dice presentando al niño quien le da la mano a Johanna — … normalmente envió a su niñera por el, pero hoy tuve el día libre en el trabajo y decidí venir por el, y que bien que lo hice… vaya… estas lindísima… — le dice haciéndola sonreír.

— y tu…  dios que estas muy bien…

Sonríe.

—¡¡mami, mami… me dieron una estrellita de buena alumna!! — Dice Eliana corriendo hacia Johanna.

— Amor… — la abraza y besa—… que bien, me alegro mucho… eres una muy buena alumna, te has ganado un helado gigante… él es un viejo amigo, saluda, amor. — le dice presentándole a Arturo y a su pequeño hijo.

— que hermosa, se parece a ti… no me imaginaba que ya eras una madre de familia… — dice Arturo

— y yo mucho menos que tú ya tendrías un hijo de 7 años… ¿no?

— Si, igual que la tuya… vaya… como es el destino… solo falta que me digas que también eres madre soltera…

— Lo soy… es una larga historia…

— Vaya… lo lamento…

— No te preocupes… — besa a su pequeña tomándola en brazos —…somos muy felices ¿verdad amor?

— Si, mami… ¿mi helado?  — pregunta la pequeña.

Arturo sonríe al igual que Johanna.

— ¿y qué tal si todos vamos por unos helados? ¿He? — sugiere Arturo. — así podremos conversar… ¿te gustaría? — le pregunta a Johanna quien le sonríe y acepta con la cabeza.

— ¿sabes que en la secundaria estaba muy enamorado de ti? — le dice Arturo a Johanna mientras caminan por la acera.

— No me lo hubiera imaginado…— dice con sarcasmo —  pero comencé a sospechar cuando me mandabas cartitas diciéndome lo linda que era…. —sonríen.

— es que siempre fui tímido para decírtelo a la cara… — sonríe y continúan caminando.

En el avión unas horas después.

— ¿Cómo supiste que estaría yo en la azotea del Harrison, amor? No te lo pregunté… pero me da curiosidad. — pregunta Fernando.

— Ya no tiene importancia, solo… olvida eso… lo importante es que te encontré… — le dice.

— Igual, me da mucha curiosidad…

— Ya no pienses en ese momento tan horrible, trata de descansar será un viaje largo y no puedes llegar ojeroso… — le sonríe.

— Tienes razón, amor… — Fernando Cierra los ojos y se dispone a descansar.

Mirella lo ve y su expresión cambia a una de angustia mientras se acurruca con la tomada de su brazo.

Unos días antes.

Mirella logra salir del hospital y se preguntaba dónde podría estar Fernando, tenía que encontrarlo sabia que estaba enloquecido y que sería capaz de hacer cualquier cosa, — ¡Taxi! — Grita deteniendo uno en la avenida, — siga de frente ya le digo donde… — ¿A dónde podría haber ido ese loco? Pensaba, entonces se le ocurrió que a la feria, que quizás pudo haber ido ahí — AL centro, lléveme al centro…. Hay una feria…

— Si, se cuál es, lleve a mis hijos anoche… — le dice el taxista.

Llegó en unos 30 minutos, pagó y bajó del taxi, ahí frente a ella estaba la enorme feria, llena de luces y música, imponente como la última vez en la que estuvo ahí Fernando y sus amigos.

Pagó la entrada e ingresó rápidamente, tenía claro algo en mente, suponía que Fernando pudo haber ido donde la bruja, intentar hacer algo, o simplemente tratar de acabar todo donde comenzó. Ingresó y comenzó a buscar por todas partes lo antes posible, preguntando si habían visto a alguien con las características de Fernando, pero no hubo suerte, entonces frente a los juegos mecánicos estaba la carpa de la bruja. Madame Shakira, “vea su futuro gratis” decía en la entrada, por alguna razón Mirella pensó que Fernando podría estar ahí e ingresa diciendo su nombre.

— ¡Fernando! ¡Fernando, no hagas alguna idiotez! — cruzó entre las cortinas que te guiaban hasta el interior, poco a poco por la senda hasta quedar en el interior del quiosco, donde estaba madame Shakira sentada a la mesa frente a las cartas y a una bola de cristal, velas y los mismos artilugios de la última vez.

— No hay ningún Fernando aquí… pero si lo estás buscando… quizás podría ayudarte, mi bola de cristal  no falla… te dirá donde esta esa persona… pregúntale si quieres, es gratis… — le dice pareciendo dibujar una sonrisa.

Mirella la mira en silencio el lugar le asustaba el ambiente la intimidaba. Estaba frente a la bruja que le había traído tantos problemas a Fernando.

— Yo… no lo sé, solo… estaba buscando a mi novio… yo…

— Vamos, puedes preguntar… — le dice moviendo las manos sobre la bola de cristal la cual comenzaba brillar y en su interior se apreciaba como una especie de nuves comenzaban a moverse, sorprendiendo a Mirella. — no pierdes nada, te aseguro que te dirá dónde está ese Fernando del que hablas.

Mirella guiada por un instinto, por una sensación extraña se sienta y accede a preguntar.

— De acuerdo… dime dónde está mi novio…¿Dónde está? — le pregunta a la bruja.

La bruja comienza a mover las manos sobre la bola y a concentrarse, entrando en una especie de trance observando las nubes dentro de la bola de cristal.

— Mi bola de cristal… me dice que… ese Fernando al que buscas… está en un lugar alto… muy alto…— le dice — y… está muy pero muy angustiado, tenso… esta por cometer una locura…

Mirella no entendía como podría saber eso esa mujer sentada frente a ella.

— eso… ¿eso ve ahí? — pregunta.

— Si, pero… descuida…. Hoy no es el día en que ese joven… deja este mundo… no te preocupes… aun… le queda algo de tiempo ene este mundo… — abre los ojos y ve a Mirella — pero no mucho… no le queda mucho en este mundo… será mejor que lo mantengas lejos de las alturas… ese hombre tuyo… está marcado por la muerte… — esas palabras asustan a Mirella —… no te espantes, pero es así… él está en las alturas ahora…

— pero… ¿Dónde?

— eso no me dice la bola, solo…. Está en un lugar muy alto… un lugar donde… ya ha estado, un lugar que le trae recuerdos… un lugar alto… muy alto…

— Harrison… esta en Harrison… — dice Mirella levantándose del asiento — ya sé dónde está el muy estúpido… — dice — Gracias… madame… — agradece y se dispone a salir.

— ¡¡¿no quieres saber algo más del futuro?!! — le dice la bruja deteniéndola. — te aseguro que mis cartas no fallaran… te dirán lo que quieras saber… vamos, inténtalo… ese Fernando…. Aún tiene tiempo en este mundo, pero se le agota… aunque hoy sin duda no partirá a ningún lugar… vamos, aprovecha… es el último día que estaré en este lugar… aprovecha, no siempre te mostraran lo que sucederá en el futuro… — parece sonreír mientras Mirella gira a verla nuevamente.

La curiosidad, la sorpresa de lo que le dijo la bruja le hacían querer saber más.

Mirella regresa al asiento y accede.

La bruja barajea las cartas mientras lo hace le dice a Mirella que lo que le muestren esas cartas respecto al futuro es algo que sucederá, será incambiable, nada lograra que las cosas se eviten o cambien, luego de decir esto y terminar de barajear le dice a Mirella que parte en tres, y que les hiciera una pregunta por grupo.

— Ok... — Mirella toma uno de los grupo y pregunta — ¿Cómo morirá Fernando… mi novio, cuando?

— No, solo puedes preguntar acerca de ti… tu eres quien separó los grupos, no el… — le dice. — replantea la pregunta…

— Ok… he… yo… yo amo a Fernando, y… soy muy feliz a su lado… yo… ¿me quedare sin el…en poco tiempo, me dejara sola…?

La bruja comienza a Colocar una tras otras las cartas, leyéndolas.

— Perderás a ese ser al que amas, y nada lo hará regresar… no te queda mucho tiempo, la muerte trabaja de forma extraña… no te puedo decir con exactitud el día… pero  si te queda muy poco tiempo con esa persona… sufrirás… sufrirás mucho…. Pero te recuperaras… — recoge las cartas y las separa. — ¿alguna pregunta más? — pregunta la bruja.

Mirella no puede evitar acongojarse pero siguió preguntando y coge otro grupo.

— ¿estaré con el cuándo… él se vaya? — pregunta.

— Si, estarás con el hasta el último instante… la muerte te olfateara… pensara en llevarte con ella… pero no podrá… aun no es tu tiempo….la muerte simplemente te evitara…. Solo se llevara a quienes están en su lista… — le dice casi dibujando una macabra sonrisa que casi se veía por debajo del velo.

La bruja separa nuevamente las cartas — si quieres pregúntale a las cartas cuando llegara tu tiempo…¿te gustaría saberlo quizás? — pregunta la bruja.

Mirella se pone de pie.

— No, con lo que me dijiste fue suficiente…gracias, no quiero saber cuándo…. La muerte vendrá a por mí, prefiero que cuando llegue… llegue y ya…te agradezco todo y… nada más… — se dispone a salir.

— Aléjalo de las alturas… no hay nada que puedas hacer para evitar su partida… pero podrías intentar…. Si eso te hace sentir mejor… recuerda que el destino es incambiable, estamos ligados a un designio que la vida nos coloca… nacemos bajo una línea que seguimos, bajo un argumento ya escrito… estas cartas me lo dicen… yo se lo digo a quien quiere saber… y te veré nuevamente, eso me dicen estas cartas… que te veré nuevamente….

— Quien sabe… — dice Mirella de espaldas… — aun me falta un grupo de cartas…

— Ahí están para ti… te esperaran…  hasta que la línea del destino se cruce con el mío, te veré…

Mirella sale del quiosco algo confundida, asustado y parte a toda velocidad al edificio Harrison, Sabia que ahí solía ir de joven con sus amigos Fernando.

Una semana Más tarde.

Diario La Primera de España.

Avión que cubría la ruta Latinoamérica Europa con 89 pasajeros y 8 tripulantes cae al mar, cerca de la costa de Vernilla, hasta ahora solo se sabe que han aparecido 17 sobrevivientes entre mujeres y niños y 2 aeromozas, entre ellas la novia del escritor Latinoamericano Fernando Aguirre Santana, Quien asistiría a la feria del libro en Madrid este sábado 11, donde se presentaría su primer libro “Algo que me falta”. Entre el ámbito literario se prepara una pequeña miza en su honor organizada por su amigo el Actor internacional Eduardo Olivares.

FIN

Miércoles, 18 de enero de 2012

Franck Palacios Grimaldo

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