OBRAS DEL CONCURSO DE NANO TEATRO (VOTACIONES)
Estas son las obras, los inscritos en Escribe Ya que deseen seleccionarán 5 obras, a las caules propondrán para el primero, segundo, tercer lugar, cuarto y quinto. Cada obra obtendra 5 pts por el primero, 4 por el segundo, 3 por el tercero, 2 por el cuarto y 1 por el quinto.. Al final ganará la que obtenga mas puntos.
Los participantes no podrán votar por su obra.
A.- El infierno del silencio
Obra teatral en un acto
Basada en la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo.
Personajes
Juan…………………viajero
Donis……………….habitante
Mictlani……………hermana de Donis
Se levanta el telón
Un habitáculo iluminado de luz densa, púrpura. Prácticamente vacío a excepción de un comal y un petate. En una esquina se aprecia una pequeña luz azul.
Juan está tumbado, convulsionándose en el petate. Donis, indígena desnudo está sentado en el piso, al otro extremo del habitáculo, detrás del comal. Juan de pronto (exageradamente, como un autómata) se calma y se sienta.
Juan: ¿Donde estoy?
Donis: ¿Estás?
Juan: (Agitando la cabeza) Recuerdo haber estado buscando a alguien, en algún lugar, luego me perdí. Sólo eso y nada ya.
Donis: (Que todo este tiempo ha estado gesticulando hacia la pequeña luz azul) Desde que te he visto, nunca has salido de aquí.
Juan: No, no puede ser, yo recuerdo a mi madre, la promesa que le hice, mi viaje hacia los cerros, hacia la noche… no se qué hago aquí, me quiero ir.
Donis: ¿A dónde irás? Todo está aquí, nada falta, yo soy el que parto ahora que has abierto los ojos. No tú, yo.
(Donis se lleva las manos a las mandíbulas como si las abriera, Juan se levanta nervioso, se apagan las luces)
(En la oscuridad, se escuchan teponaztles, sonajas de conchas y flautillas: música prehispánica. Se enciende la luz, paulatinamente. Justo donde estaba Donis aparece Mictlani desnuda, indígena de pelo negro largísimo, hincada y con las manos sobre el comal)
Mictlani: Si tienes que irte, quédate conmigo aquí. Soy también tu hermana. Te alimentaré, te daré más de lo que sueñas ahora.
(Y entonces comienza a mover las manos sobre el comal como si fuesen tortillas que se calientan. En cada vuelta de las manos se escucha una percusión cada vez más sonora. A la vez resuenan doloridos llantos de niño)
(Juan se levanta con el rostro lleno de excitación, se acerca a Mictlani y la besa intensamente, luego le sonríe y le señala la pequeña luz azul)
Mictlani: No, por allá no, no hay salida. Entra por aquí.
(Y atrae a Juan hacia sí, se tienden en el petate. De pronto se apagan las luces, la música prehispánica se torna estridente y frenética. Luego, la luz vuelve, ahora roja, intensa en efectos estreboscópicos: en cada destello se ve a Juan amando a Mictlani, luego sujetándola violentamente del cuello; ella gritando, movimientos frenéticos. Se apagan las luces, silencio total. De improviso vuelve la luz (púrpura), aparece Donis sujetando del cuello a Juan hasta asfixiarlo)
(Cae Juan)
Donis (sonriendo entre lágrimas): ¡No tú, yo!
(Se apagan las luces, se escucha sonido de vientos, primero tenues, luego ensordecedores, a la vez que se ve a Juan tendiendo la mano hacia la pequeña luz azul, que conforme aumenta el volumen del viento incrementa su intensidad)
(Luego súbitamente, se cortan las luces y el sonido)
(En el silencio una incierta voz de niño:
“¿Papá?”)
Telón
*Comal: pequeño horno de carbón de aluminio para hacer tortillas.
Teponaztle: Instrumento musical de percusión prehispánico.
Petate: cama de fibras de palma tejidas
B.- La búsqueda
Escena única
UNA PLAZA
UN BANCO DE PLAZA
SENTADO, UN HOMBRE LEYENDO UN DIARIO
LLEGA UN NIÑO Y SE SIENTA EN EL OTRO EXTREMO DEL BANCO
MIRA AL HOMBRE CON ATENCION
EL HOMBRE DOBLA EL DIARIO, SE LEVANTA Y SE DISPONE A IR, PERO LA VOZ DEL PEQUEÑO LO DETIENE
NIÑO—Señor… ¿Puedo hacerle una pregunta?
HOMBRE—Sí, pequeño, ¿qué se te ofrece?
NIÑO— ¿Usted es mi papá?
EL HOMBRE SE SOBRESALTA Y MIRA AL NIÑO CON CURIOSIDAD
HOMBRE— ¿De dónde sacaste esa idea?
NIÑO—Hace mucho que busco a mi papá y Ud. se parece a él…
HOMBRE— Lamento no ser tu padre, jovencito. Pero no tengo hijos. Además soy soltero. Cuéntame cómo es tu papá…
NIÑO—Mi papá es un hombre alto y valiente. Se fue de casa porque lo buscaban para matarlo. No nos quería poner en peligro a mamá ni a mí…
HOMBRE—Y tu madre ¿no sabe dónde está? Ella tendría que llevarte a verlo, esté donde esté…
NIÑO—No sabe adonde se fue. Ya hace como dos años que papá nos dejó. Mamá sabe que está vivo porque se lo dice el corazón…pero yo la siento llorar en la noche…
HOMBRE—Entiendo. Pero no puedes andar preguntándole a desconocidos si alguno es tu papá…
NIÑO—Perdone señor si lo molesté, pero usted se parece mucho…
EL NIÑO SE INCORPORA CON CARITA TRISTE Y SE VA…
EL HOMBRE LO MIRA ALEJARSE Y DISIMULANDO, TAPÁNDOSE LA BOCA CON EL DIARIO LE HABLA AL MICRÓFONO QUE LLEVA EN LA SOLAPA DEL ABRIGO:
—Base, Halcón llamando a base…Creo que podemos levantar la consigna. No hay ni la más leve sospecha de que Ramírez vuelva.
Incluso el hijo a quién he interrogado cree que está muerto. Y así debe ser nomás…
TELÓN
C.- Reflexiones de un hojalatero
(El hojalatero, en trajes andrajosos, aparece llevando un costal a los hombros. Se queda mirando una roca a la soledad de la escena)
Cuando mi carta lleguen
a escudriñar tus pobres ojos,
seguro sabrás que fui hojalatero,
que mi país creció en un bulto de picazones políticos.
(Se sienta en la roca y recuesta su costal)
La pobreza y mi paso son mis únicos bienes.
Hoy nada me viste,
sino las llagas. Por las calles
la muerte arrastró su mojado traje de ramera;
mientras el crucifijo vomitaba entre la lluvia
y la fiebre.
Nada nos había vencido, sino el mal.
Nada fue tan cínico como los zapateros nazis.
(Saca de su costal una galleta seca y se la come)
Los judíos hojalateros éramos hombres buenos,
el único delito del hojalatero era comer poco.
Los hombres buenos nunca comen bien.
Mi inspiración, en cambio, fue
la bala que se purificó en nuestras cabezas,
nuestra ceniza felizmente fue respirada por las aves.
(Se levanta y luego se arrodilla, algo cansado)
Pero no habló el corazón,
Sino el anhelo
de ser topo para escarbar hacia el centro de la tierra
y gritar,
gritar con la rabia
y con la muerte de mis hijos
D.- La culpa por una traición
Acto único.
Interior de una casa. Una biblioteca cubre tres de las cuatro paredes. En un costado hay un escritorio con un sillón. Una mujer joven se pasea por la habitación. Habla sola, para otro que está ausente.
Mujer: —Y todavía es imposible decirlo todo, porque, ¿cómo saber si todo lo que puede decirse es todo lo que puedas escuchar? Sí, lo que puedas escuchar, lo que de verdad te explique las cosas, lo que lo diga verdaderamente. Pero, ¿cuáles son las palabras que podrían explicar las cosas verdaderamente sin convertir los hechos en otras cosas, sin traicionar?
Yo quisiera explicarte todo, pero no sé si pueda hacerlo, ya que mi yo está tan oculto para vos como para mí. ¿Quién hablaría dentro de mí? ¿Cuál de estos yos hablaría sin convertir las palabras en hechos y los hechos en otras cosas?
¿Cómo hablarte de esta traición que no hubiera cometido si hubiera sabido que después estarías conmigo? ¿Cómo decirlo para que me puedas perdonar?
Soy quien se dejó llevar por la sucesión de acontecimientos y los discursos ajenos; quien quiso pedir ayuda, pero lo hizo a la persona equivocada, porque no sabía leer las señales del futuro.
Y cómo los que traicionan sin saberlo, quienes buscan el resguardo desacertado, y quienes no saben leer las señales del futuro, y traicionan ese futuro son castigados, yo, aquí, padezco la imposibilidad de explicarlo, para que pueda ser absuelto y olvidado.
E.- Monologo de Carmen y el vibrador
Hace 6 años que estoy “felizmente” casada (es lo que supone la gente).
Cometí el pequeño error o “detalle” de casarme, ustedes saben el cuento de que si no te casas te quedas para vestir santos, pues hoy estaría vibrando de la felicidad y vistiéndolos, si así mismo es, no se asusten ni se rían, pero de haber conocido primero a un consolador, no estaría hoy en día celebrando mi séptimo aniversario de bodas.
Analicemos amigas la ventaja de tener un consolador vibrador ante la competencia (nombre asignado a ese ser machista denominado “Hombre”):
Al vibrador no se le cocina, no se le plancha ropa, no ronca, no lo agobia el stress, no sufren de dolor de cabeza, son económicos (solo hay que lavarlos y cambiarle las pilas), no orinan el retrete, no son infieles, nunca dicen que no, siempre están disponibles, no se adueñan del televisor y lo mejor si te aburres de ellos, solo vas compras uno más grande, más grueso, más suave y con mayor vibración ¿celoso el vibrador viejo? ¡¡Que va!! Es una puerta nueva que se abre a nuevas sensaciones, experiencias y fantasías hechas realidad… si es exactamente lo que están imaginando…
Moraleja:
No te cases… ¡¡Cómprate un vibrador!!
F.- Discernimiento
(Del techo del escenario cuelga un sillón amarrado desde lo alto del respaldo, está lleno de cuchillos que salen hacia el frente y por los reposabrazos hacia arriba, los filos están ensangrentados. En el suelo, bajo el sillón, hay una gran mesa con el tablero partido y dos patas rotas, delante de ella un cuerpo muerto boca abajo, sobre un charco de sangre. Pasan a escena dos hombres cargando un ataúd, lo dejan en el suelo y se quedan mirando al muerto y al sillón).
Hombre uno: Joder tío ¡Qué animal!
Hombre dos: (mirando a su compañero) No lo entiendo, ¿lo montaría él sólo?
Hombre uno: Macho tu ves pocas pelis ¿eh?, menos chingar y más cultura chaval. (Gesticulando todo el proceso) Mmm, mira, te pillas muchos cuchillos y los clavas al sillón hacia fuera ¿vale?, lo colocas encima de una mesa ¿me sigues?, te buscas unas buenas cuerdas, te subes a los reposabrazos con cuidado de no pincharte los pies, lo atas al techo, y luego zas! De un salto te sientas y ya, te clavas los cuchillos y te desangras. Lo que pasa es que el pavo lo ató mal y al joder la mesa se cayó de bruces. Joder, míralo, todo guapi para la foto de muerto, y luego se da una hostia y se parte la cara, que putada macho.
Hombre dos: Ya, listillo, pero lo podía haber hecho sin atarlo al techo ¿o no?
Hombre uno: Psss, yo imagino que calculó que se rompería la mierda de mesa y quedaría en el aire como un cristo ensangrentado pegado al sillón. Además joder, si te vas a matar y tienes tiempo ya lo haces con estilo.
Hombre dos: No sé, pero hay que estar muy zumbao.
Hombre uno: Anda, vamos a sacar al muerto que no nos pagan por horas.
(Meten al muerto en el ataúd, lo cargan en hombros y salen con él del escenario).