Taller-Simposio Fantástico
Bueno, acá va la séptima entrega de la revist... del taller más grandioso de la tierra....
Quién no entiende muy bien qué es este foro, clickeen este link:
http://escribeya.com/Foro/6295
Quién se haya perdido el último simposio, dé la mortal para atrás, y entre aquí:
http://escribeya.com/Foro/6478
Acá va un mensjunje extraño que se me ocurrió, no sé si les va a gustar, pero bueh, siempre cuento puede hacer mal a los riñones..
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“Nada distingue, teóricamente, la práctica artificialista del artificio de la práctica quasi artificialista, que constituye la frontera común entre el artificialismo y el naturalismo en el terreno estético: la misma negación de lo natural en la pretendida naturaleza, el mismo reconocimiento de la incapacidad del artificio para producir naturaleza, la misma asimilación de los estatus del arte y de la naturaleza en la unidad indiferenciada de una existencia azarosa, que no admite ninguna distinción entre la naturaleza y el artificio (lo que se hace sin el hombre y lo que se hace con el hombre parecen igualmente tributarios del azar). La única, aunque decisiva diferencia, no afecta aquí a lo que es reconocido como verdadero o existente, sino a lo que es deseado: el arista quasi artificialista llegaría a las mismas conclusiones que el artista artificialista, sin adherirse afectivamente (al recelarse incapaz del deseo de seguir al artista en sus condiciones intelectuales); el artista artificialista lo acepta de corazón y espíritu, al reconocer en él la materia misma de su placer. Tanto el artificio como la existencia son aquí considerados y asumidos, en tanto que artificiales, determinando la afirmación de lo real un gusto del artificio por el artificio y un gusto de lo real en tanto que es artificial: no existe ninguna otra felicidad para perturbar, abierta o secretamente, la consciencia del artista artificialista, cuya felicidad consiste en acoger lo real sin reserva metal naturalista. No falta, desde su punto de vista, ninguna naturaleza cuya ausencia podría hacer aparecer el conjunto de las producciones –tanto las suyas propias como las del mundo circundante- bajo los auspicios de la degradación de la facticidad: siendo todo, por definición, fáctico, nada es ficticio, puesto que sólo puede serlo en relación a algo que no es nada (la naturalidad). Un uso semejante del artificio tiene por doble condición una cierta inocencia y una cierta indiferencia: inocencia respecto a requisitos naturalistas, aquí inexistentes; indiferencia respecto a un eventual “alcance” de la obra, de la que el artista sabe que es capaz totalmente de proporcionar lo necesario, es decir, de distinguir objetos ta reales y su estatus azarosos. A esta inocencia y a esta indiferencia está vinculado un júbilo respecto a lo artificial en tanto que tal, júbilo que, por la facilidad y la libertad que hace posibles en la práctica del artificio, aparece como la condición fundamental de una estética puramente artificialista”
Rosset, Clement; -La anti-naturaleza (elementos para una filosofía trágica)-; “Prácticas artificialistas”; 1973.
Respuesta de Eitileda en un parcial de Metafísica:
La idea de naturaleza se define en contraposición tanto a la idea de artificio (humano) y de azar (inercia). La materia, puede decirse, no se justifica. Solamente existe, simplemente porque se dio entre infinidad de (o, al menos, varias) tentativas, y aconteció que tuvo éxito esa en concreto. El hombre, por su parte, tiene el poder y la libertad de crear objetos (los artificios). Tuvo un deseo (o la intensión) de hacerlo y así sucedió. Todos los objetos hasta ahora referidos tienen la fría realidad (e imprevisibilidad) que puede darles sus causas caóticas y contingentes que son la voluntad y el azar. No obstante, el hombre, por lo general, tiene el deseo de tener una vida tranquila, y hasta ahora (en la descripción) se le ve un panorama oscuro. ¿Por qué somos? Porque así acontece ¿Podríamos dejar de ser? ¿Qué somos? Nadie lo sabe ¿Podríamos ser de otra manera? Seguramente.
Ante este paisaje desolador, el hombre no se le ocurrió mejor salva-consciencia que inventar la naturaleza. Ésta vendría a ser la causa, el principio y el sustento de todas las cosas. Nada puede existir (justificadamente) si no es por medio de ella. Haciendo referencia a lo que significa esta idea (que, como dijimos, se define de manera negativa) es que construimos un mundo racional y pre-formateado en el cual vivir sin muchos percances. Todo deviene según la necesidad de los principios naturales y todo se explica a través de ellos. Si algo me parece injusto, inconcebible o inaceptable, sólo tengo que llamar a la autoridad que es la naturaleza para validad metafísicamente mi preocupación, y lo que siempre fue gratuitamente inocente, pasa a ser culpable y susceptible de juzgamiento moral. El orden debe prevalecer sobre el azar y la libertad, pues el mundo es ordenado y así conviene que siga.
Por lo tanto, lo que sucede es que un artificio (pues es producto del deseo) se da la potestad de auto-naturalizarse, de postularse como siempre dado, logrando la solidez racional del mundo. Nada puede decirse con sentido si no es en referencia a “lo natural”.
Ahora, a alguien puede ser que no le cierre mucho que la naturaleza se auto-regule, pero sin embargo le siga atrayendo un mundo ordenado por principios necesarios. Pues no hay problema. A ese alguien podemos decirle que mantenga su mundo, que tenga en cuenta uno que otro milagrito de por ahí que contraríe las leyes naturales, y que justifique esto último alegando que los principios trascienden a la naturaleza, pues la causa de todo es Dios. Su vida va a tener mucho más sentido (ya que se la interpretará religiosamente, es decir, por un deseo fuerte de consuelo) y sólo le bastó asumir todos los supuestos naturalistas más un plus (la divinidad).
En definitiva, tanto la opción naturalista como la religiosa (según dónde se pongan los principios ordenadores y justificatorios) permiten quejarse cuando algo no es de su agrado o le resulta incomprensible. De este modo, la queja hace culpable al desorden de la libertad y la materia, y puede así ponerlo en penitencia.