OBRAS PARTICIPANTES DEL CONCURSO DE NANO O MICRO CUENTOS
Estas son las obras, los inscritos en Escribe Ya que deseen escogerán 3 obras, a las caules propondrán para el primero, segundo y tercer lugar. Cada obra obtendra 5 pts por el primero, 3 por el segundo y 1 por el tercero. Al final ganará la que obtenga mas puntos.
Los participantes no podrán votar por su obra.
A.- Tierra
Hay un maravilloso espacio entre tus dedos pequeños
La madera de tu espalda en la que recuesto la mía.
Entibia mis ganas de pensar el universo compartido, aquel que se nos ocurrió de pronto cuando la frescura de tus labios me rozaba las mejillas.
Cuando tus amaneceres hicieron para mi los despertares mas livianos, las mañanas eternas de solo mirarnos entre las sabanas rígidas de algún motelcillo barato, con el ruido de los autos tempraneros e inoportunos de la calle Santo Domingo
Aquel mundillo de mierda que nos fuimos imaginando y que a nadie mas pudo importarle, solo a nosotros.
Mundillo apacible en el que tu cabeza en mi pecho cabalgaba despacito durante todas nuestras noches.
Durante nuestras innumerables y tranquilas noches.
Y es que nacimos eternamente el uno del otro
Yo me caía entre tus piernas y tus volabas desde mi pecho a mi vientre para depositar la baba de tus placeres en el lecho de mi ombligo.
Yo me moría entre tus piernas y el infierno de tu pecho se llenaba de la sangre de mi frente.
Y es que hay un inimitable espacio entre tus dedos pequeños.
Te miro desnuda mientras resucito de mi última caída y la sangre de tu vientre circula y se viene hacia mis manos, hacia mis dedos desesperados de tu hambre, hacia la tierra florecida que nació de nosotros esta ultima noche.
Esa tierra llena de olores de agua, de tribus cantarinas.
Esa tierra que ríe y se repite en nuestros sueños.
Esa tierra que cada mañana tomas con tus dedos y sus espacios para llenarte de sus mares y sus tormentas
Tierra tibia y salvaje, tierra de gritos y llantos.
Tierra mía, tierra tuya
Tierra que inunda mis espacios y recorre incansable los tuyos
Entre tu y yo amor mío hay espacios y hay tierras, y entre tus dedos pequeños hay algunos universos de los cuales no descanso.
B.- Un pozo en el orgullo.
Como todos los días, José salió de su casa rumbo a la panadería.
Ya hacia años que vivía en ese barrio y el recorridote era fácil. Los vecinos ya se habían habituado a su andar sin pausa, pero sin prisa.
Sabían exactamente a la hora que pasaría rumbo a la panadería, lo que demoraría en comprar dos medialunas y un litro de leche, y a que hora volvería a pasar rumbo a su desvencijada casa.
7:30 a.m. salió de su casa, chirriaban las ruedas de su vehiculo alertando a los vecinos que era la hora de José y no le gustaban estorbos en el camino.
7:50 la dependienta de la panadería le esperaba con su paquete pronto. José, sin un buen día, o gracias, pagó y dio media vuelta como todos los días.
8:10, ¿ya tendría que haber pasado?, comentaba detrás de la ventana Doña Rosaura, más preocupada por que debía salir que por que no oyó pasar a José.
8:15, y nada…
Obviamente José hubiera pasado en hora si su silla de ruedas no se hubiera atorado en medio de la calle justo cuando pasaba el camión de la basura y alguien lo hubiese visto.
Pero a esa hora no salía nadie, a José no le gustaba que lo estorbasen.
C.- Una monedita, por favor...
El termómetro marcaba más de treinta grados. El hombre salió del banco, furioso por los tres cheques rechazados, su conversación con el gerente había sido inútil, se desprendió los botones de la camisa y ese viejo…
-Una monedita por favor –
Lo ahogaba el calor, las deudas y la presión familiar, la fiesta de quince de Mariana, el viaje de Lucas… se estaba ahogando y ese viejo…
- Una monedita por favor –
Intentó cruzar la calle pero el viejo se interponía, transpiraba frío y la gente parecía desaparecer. El cinco vence la cuota de la hipoteca, el auto no lo tengo asegurado y ese viejo…
- Una monedita por favor –
Un dolor punzante le atravesó el pecho, quería llegar de todas maneras a su auto y ese viejo…
- Una monedita por favor –
Cayó sin remedio al pavimento, alzó la mano intentando pedir auxilio y ese viejo…
- Una monedita por favor –
Su corazón dejó de latir a las dos de esa tarde de verano.
Y ese viejo… con su ceguera a cuestas.
D.- La Muerte
Nos sentábamos justo a cenar Martha y yo, cuando llegó la Muerte.
-¡No me lleves –suplicó Martha-, tengo tanto que ver, que hacer, tanto que decir…
-Me da lo mismo-le dije- estoy cansada y tengo frío…
Me dijo un viejo sabio conocido, que vio a alguien regresar al lugar que estaba antes de nacer.
¿Sería Martha o sería yo?
E.- La culpa
Mi vida era apacible, como verdaderamente tendría que ser.
Nunca ocurrían cosas, solo en las novelas que miraba.
Hasta que apareció él
Le di el número de mi celular.
La primera vez que me llamó no me sorprendió.
– Me gustaría saludarla- dijo con voz de locutor.
Accedí y no se por qué puse tanto esmero en mi arreglo.
Y fue allí donde comenzó todo.
El sonido del teléfono tomaba otras dimensiones.
Empecé a sentir nuevas emociones y caí bajo su hechizo.
Anhelante, corría a sus brazos.
Mi piel arrebolada, las sábanas desparramadas de esa habitación clandestina, me hacían sentir mal.
Después, solo después.
A veces me sentía como cuando aplastaba la colilla de mi cigarrillo: Es la última vez, pero volvía, siempre volvía.
Con la cabeza gacha, sin mirar a los ojos de mi familia, trataba de cumplir con mis tareas cotidianas y me bañaba, miles de veces me bañaba.
Pero era inútil, su perfume se había hecho carne en mí.
A veces me engañaba y por un instante, volvía a la realidad. A la aparente tranquilidad de mi hogar.
Me negaba a mirarme al espejo. La imagen reflejada, me condenaba.
El arma que guardábamos fuera del alcance de los chicos, cobró otros espacios en mi mente.
La tomaba en mis manos y volvía a dejarla en su lugar
¿Lo amaba?
¿Era eso el amor?
Sabía.
Lo sabía.
Muy dentro de mí sabía que era una tortura.
Tenía que terminar, pero su voz detrás del hilo me atrapaba.
Todavía no se la causa que me impulsó a guardarla en mi cartera.
Abrió la puerta, su sonrisa cautivante y centelleaban estrellas de sus azules ojos; su alta figura distinguida, aceleraba mi pulso. Juro que abrí la cartera con intenciones de prender un cigarrillo.
Mis manos se pegaron al frió del arma.
Apunté.
Extraña sensación. No temblé.
Un aletear de pájaros buscó su nido.
El único que me visitó, fue mi abogado.
Pregunté por mis hijos. Mi marido les había contado que morí en un accidente.....Y hoy llevan unas flores a una tumba vacía.
Era el precio de mi culpa.
F.- Los unicornios existen.
Nunca creí que los unicornios existieran, pero puedo asegurar que vi, no solo uno, sino tres en ese bosque.
Habíamos ido, mi hermano y yo, a fotografiar mariposas, en la selva misionera del norte de Argentina.
Nos internamos unos trescientos metros, hasta llegar a un claro, junto a una pequeña laguna, donde en un apacible prado vaporoso de sol, volaban cientos de mariposas. Nos quedamos en silencio, maravillados del hermoso espectáculo.
Mi hermano sacó fotos, hasta agotar el rollo de película.
De pronto, entre los arbustos del borde de la laguna, vi aparecer a un par de caballos con un potrillo. Pensé que eran ponys, porque eran muy peludos. Le dije a mi hermano que los fotografiara, pero él estaba ocupado cargando la cámara. Cuando levantaron la cabeza, noté que tenían un cuerno en la frente.
No podía dar crédito a lo que veía. Me acerqué unos metros y me miraron confiados, casi como invitándome a que me acercara más.
Mi hermano dejó caer la cámara y se acercó como hipnotizado. No lo pude detener. Se acercó a ellos y acarició la cabeza del más pequeño. Después pasó la mano por el cuello de los otros dos que se mostraron mansos y noté que aceptaron las caricias con agrado. Dieron media vuelta y se perdieron entre los arbustos. Mi hermano los siguió.
Quedé esperando, expectante, con la cámara preparada. Nunca volvieron. Mi hermano tampoco.
Regresé al día siguiente con varios baqueanos y aunque recorrimos todo el lugar alrededor de la laguna, no encontramos ni siquiera huellas en el barro.
Al cabo de una semana dimos por finalizada la búsqueda, aunque yo volví muchas veces. La última vez, fue ayer. Ahora pienso que fue un sueño, pero esta vez vi a cuatro unicornios y creo que uno de ellos, el que me miraba casi sonriendo, era mi hermano.
G.- La ultima copa
Quiero que conozcan la verdad detrás de mi rostro, la verdad que he escondido tragando amargamente por el peso de mi conciencia.
Un día nada especial, estaba en la casa de mis padres, estaba mirando una vieja película cuando suena el teléfono, cuando lo cojo es un amigo muy preciado para mi, me invita a salir con el que al otro día se tenia que ir a visitar a unos familiares del otro lado de la ciudad, yo le dije que no que otro día sería pues estaba buena la película, al otro día por la tarde me dispongo a llamarle para ver como le fue en casa de su familia, antes de coger el teléfono conecta le tele y pongo un canal al azar, para desgracia de mi conciencia y para que vean como es la vida estaban transmitiendo un reportaje sobre un trágico accidente en el cual el único muerto había sido un joven, al mirar con mas detalle me di cuenta de que se trataba de Sergio, mi gran amigo, en ese momento no estaba en mi, tarde algunos segundos para reaccionar, solté el teléfono y salí a caminar, le pregunte a un amigo que había salido con el a donde habían ido, primero fui a un club y tome de todo lo que el tomo, fui a la disco, me senté en el mismo banco del parque y bese le tierra de su entierro, pero nada de eso me devolvió los minutos que puede estar con el y nos los estuve, ese peso lo seguiré llevando el resto de mi vida, pero por Sergio no pierdan la oportunidad de decirle a un amigo cuanto los quieres y trata de compartir con las personas que amas todo lo que puedas, porque nunca sabes cuando será la ultima copa.
H.- Mecánica Celeste
Astronauta disparado en cohete más allá del firmamento, encuentro sorprendido estrellas negras brillando oscuras sobre un vacío blanco. Me dirijo a la estrella más cercana, apenas a 25 millones de nanómetros de mi Tierra; la encuentro tan cercana y asequible, que me animo a buscar la Finisterra del universo, ese sueño donde el espacio acaba y la nada comienza. Así, mi nave recorre a todo ímpetu ignotos lugares, más allá de la mirada indiscreta de cualquier telescopio, y se arremolina en agujeros negros bebiendo en su misterio. Mas no encuentro el final del cosmos; luego de una hora de viaje, regreso al punto de partida, mi planeta natal: tus ojos marrones, donde mis labios aterrizan. Miro al cielo, los lunares siguen titilando en tu piel y gotas de sudor cruzan como bólidos la carne conquistada. Por hoy termina el descubrimiento. Mañana buscaré otras galaxias, en ese todo sin fin.
I.- La plaza del olvido
-Si, con seguridad ése es el banco- dijo para sus adentros.
Matilde se acercó como si el tiempo la apremiara. La plaza en cuestión, era la de su adolescencia, en la cual se reunía con su amigo.
Hoy en día, abandonada en forma lamentable; las farolas, las pocas en pie, apenas alumbraban, los senderos casi imperceptibles.
La hora era la misma: las 20,30.
¿Cuántas cosas allí ocurrieron?
Charlas hasta altas horas de la noche. El calor de sus cuerpos que al pequeño roce lograban estremecer inclusive las hojas caídas.
Sus caminos se separaron. Ella por uno...él por otro. Nunca se volvieron a encontrar. Hasta aquel aviso pequeño en el diario.
Al principio no le dio importancia. Pero algo dentro de ella la obligó a releerlo.
Es por ello que esa noche estaba allí. ¿Esperándolo?
Dejó su familia sin dar explicaciones. Viajó y viajó para llegar a la plazita del pueblo.
Sus hijos ya la comprenderían. Su marido quizás no.
¿Vendrá? De seguro que no.
¿Por qué no obstante volvió?
J.- Una Mujer Correcta
Gladys, una mujer de buena familia, digna educada, muy activa, profesional, siempre soñó con triunfar en la vida y tener una familia ejemplar, siempre fue de la idea "la mujer se casa de blanco", a sus 27 años vive en un departamento alquilado.
Ella siempre jugándole a las loterías, muy puntual y fanática, yo sabiendo eso un día le quise hacer un regalo, la llamé para salir y darle el ticket que compré para ella, me tuvo plantado toda la tarde, ese día no se apareció.
El jueves, a eso de las 11:07 p.m. llevan a cabo el sorteo, me imagino que lo hicieron, al día siguiente fui a reclamarle su mala acción de hacerme esperar en vano, al llegar la vi muy concentrada viendo un periódico y un ticket en la mano, cotejando su número de la lotería, metí la mano al bolsillo del pantalón y aún estaba ahí el ticket que quería regalarle, con ticket en mano me acerqué a ella, cuando estaba a unos metros pude sentir su rechazo hacia mi, superado eso, al cotejar mi ticket, sorpresa, tengo el primer premio y su primer beso en la mejilla.
Me tomó del brazo, abandonó su puesto de trabajo, hicimos muchas..., a eso de las 2:00 p.m. en la cama ya sin ganas de querer hacer más el amor, me dijo que tenia hambre, dentro de mí dije, esta mujer hace lo correcto, va hacia los objetivos, VAYAMOS A COMER CARAJO, para recuperar fuerzas y seguirle dando, su primera vez.
K.- Cacofonía espasmódica
Las espasmódicas contracciones de su cuerpo parecieron cesar de pronto. Su respiración se calmó poco a poco, entre jadeos y ahogos de saliva. Sus ojos, suplicantes y lacrimosos, se encontraban abiertos de par en par y el tenue alivio que el final de las convulsiones siempre le traía. Su angustia se desvaneció, al compás de la normalización de su ritmo cardiaco.
Ellos lo arroparon con una gruesa cobija de lana, envolviéndolo en ella luego y, entre todos, lo subieron de nuevo a la cama. Alguien sollozaba, mientras la preocupación pintaba la cara de los demás, que nunca, ni siquiera después de tantos años, habían podido acostumbrase a los ataques.
Su lengua, aún pastosa, luchaba por abrir su contraída mandíbula, el mugido que salía de su boca, a causa del esfuerzo, se volvió más y más fuerte. Ellos se preocuparon, pues era muy posible que se estuviera ahogando. Por fin su mandíbula cedió y él lanzo un grito seco, como si se rompiera en él una barrera; un rompeolas que es superado por las tenaces arremetidas del furibundo oleaje.
Pero el alivio del habla fue eclipsado rápidamente por un fuerte dolor en el pecho, intentó llevar sus manos sobre éste para presionar la recalcitrante punzada, pero la cobija se lo impidió. «Ayuda» fue lo último que alcanzó a decir, antes de que su cabeza se descolgara inerte sobre su cuerpo.
Sus padres se abrazaban, observándolo, mientras sus hermanos, cuatro en total, recogían algunas repisas caídas y limpiaban las manchas que el descontrolado esfínter de su hermano menor había producido. El mayor de ellos llevó el veneno al jardín, donde lo enterró sin mucha ceremonia, menos aún, angustia alguna.
No se lo habían consultado, pero el cansancio y la resignación así lo habían obligado. Era el resultado de la desesperanza, de la larga espera de un milagro, del consecuente hastío con la intervención divina, de ya no contar con el alivio que ésta produciría. Ahora llamaban al doctor, al de siempre. «Ha muerto» dirían «Si quiere verlo apresúrese, pues los de la funeraria ya están en camino».
L.- Invitaciones a comidas caseras.
Cuando la dueña de casa nos hace conocer que la comida está preparada por ella, nos invade una tremenda desazón. Salvo claras y honrosas excepciones los preparados de un ama de casa y los cuadros pintados por los médicos suelen ser materias para huír de ellos.
Peor aún resulta cuando se nos invita a cenar porque el dueño ha regresado de una temporada de caza.
¿Se imaginan Uds. estar buscando el muslo de una perdiz esbelta y delgada y llenándose la boca con perdigones?
Además están presentes, mucho, los comentarios previos:
-¡Qué rápidas estaban las perdices!
-¡Vaya, Pedro se despachó a dos!
-¡Buen disparo el de Manuel
¿Y si nos toca comer carnes correosas?
Hasta podemos llegar a imaginarnos a Manuel disparando con saña a la indefensa y débil perdiz. Entonces nos solidarizamos con ella y, por ende, no le hincamos el diente.
Si nos descuidamos nos iremos a engullir un trozo de ese " conocido". Porque lo es al conocer el " modus matandis".
Que nos inviten a cenar vaya y pase. Más no a comernos a nuestros conocidos.
M.- La dedicatoria…
Planta baja. Él oprime el botón del tercer piso. No se siente bien. Sus manos transpiran las manijas del desvencijado maletín. ¡Tantos años trabajando para el señor Guzmán! Una joven atraviesa el salón a paso ligero. Entra al ascensor. Él odia compartirlo con extraños. Ella también va al tercero.
Primer piso. Ella mira el reloj. No ve la hora de entregarle a su padre la agenda que olvidó esta mañana. El hombre se siente cada vez peor. Ella lo mira de reojo. Él desabrocha el cuello de su camisa. Ella vuelve a mirarlo. Él está demasiado pálido.
Segundo piso. Él se desploma ya sin vida. El maletín cae a su lado y cientos de papeles quedan desparramados. Ella trata de socorrerlo y deja caer la agenda de su padre. Más papeles esparcidos por ahí. Ella le afloja el nudo de la corbata inútilmente. Grita pidiendo auxilio. Desde el papelerío una foto de Ana, la secretaria de su padre, le sonríe.
Tercer piso. En el hall se agolpan los empleados del señor Guzmán. Los gritos que provienen del ascensor no tienen aún explicación. Éste se detiene. Ella toma la foto de Ana. “Te amo…”, reza la dedicatoria. Las puertas se abren. “¡Juan!”, exclaman sus compañeros al ver al hombre tirado. “Hija, ¿qué pasó?”, le pregunta el señor Guzmán a la muchacha. Ella levanta la agenda y trata de juntar los papeles. Deja la fotografía junto al maletín. Clara Guzmán prefiere pensar que Juan murió de amor.
N.- Quisiera serte útil
Siempre esperé poder serte útil, pero eres una persona fría, indiferente, pareciera que no tuvieses sentimientos, todo lo calculas de una manera excelente, nada te sorprende y yo…. me siento frustrado.
Eres casi un robot.
Siempre pensé que me necesitarías cuando te enamoraras o
cuando tuvieras que dar un difícil examen en tu carrera…. Pero no fue así.
Hoy en tu lecho de muerte espero que me tengas en cuenta aunque sea en tu exhalación.
Ya que como suspiro,….. Nunca te fui útil.
O.- Nocturna
Subió el largo cierre de las botas y contempló su figura en el pedazo de espejo que aún pendía de la pared. Se puso unas gotas de perfume, se persignó, abrió la puerta y se entregó a la noche. Sus pisadas resonaron seguras a mitad de la calle. Nadie podría haber dicho que moría de miedo.
P.- Barquito de papel
Sin más impulso que la suave corriente y tan sólo por pequeños instantes alguna piedra detiene su marcha; nuevamente retoma su sendero acuático. El barquito logra que su dueño una vez más exclame a viva voz: "¡Bien hecho! ¡Vamos, avanza!"
Una paloma se posa para calmar su sed, no sin antes considerar los peligros a su alrededor...Sólo un niño inocente, ¿qué mal podría provocarle? Hunde un par de veces su pico en el agua.
De pronto ve que a toda marcha se acerca hacia ella algo que no es habitual. Decide emprender la huida velozmente. Una pluma se desprende de su cuerpo, da nueve volteretas, aterriza en la parte más alta de aquel barquito de papel y se aferra fuertemente a él.
Y el niño exclama jubiloso: "¡Bien, ahora flamea en vos una bandera! ¡No te detengas!"
El barquito aunque no puede sonreír, comienza a mecerse en señal de aceptación de sus palabras. sigue su rumbo ya no tan tranquilo pues el remanso ha terminado dando paso a pequeñas cascadas... Sus bordes son salpicados de gotas que lo humedecen y debilitan su estructura, pero no quiere darse por vencido.
El niño ha perdido interés y juega ahora con una pequeña botella.
sin embargo, el pequeño barco de papel no abandona la lucha de conquista. Avanza. Algunas hojas que el otoño ha tomado prestadas navegan ligero junto a él; incluso algunas gotas que lograron su libertad tras quedar atrapadas en las hojas, arremeten contra su indefenso cuerpo de papel que cada vez se humedece y desarma aún más. Una de ellas logra arrebatarle su bandera...
Y casi al instante el valiente barquito ve eclipsada toda esperanza al divisar una boca de tormenta donde le aguarda la muerte.
Resignado, cierra sus ojos y se deja llevar por la corriente que aumenta al pronunciarse un poco más la pendiente.
Tres días más tarde despierta. Su cuerpo de papel vendado está junto a una muñeca con uniforme de enfermera que le sonríe plácidamente y con sus dedos deteriorados comienza a dar nueva forma a sus pliegues.
Q.- El accidente
Aun aturdido se levantó, miró a su alrededor tratando de aclarar su mente.
Cerca de él vio cómo la gente se precipitaba hacia un vehículo y rescataban un cuerpo de una mujer, se acercó curioso y al verla supo que era su esposa. El corazón empezó a dolerle, a dolerle mucho y un silencio penetrante se hizo a su alrededor. Ahora recordaba todo, la curva, el accidente. ¿Muerta? ¿Su amada yacía sin vida?
Todo su dolor se escapó por sus mejillas. No podía ya cambiar nada, tampoco reparar la causa del accidente, por su culpa yacía muerta, un grito desgarrador de impotencia salió de sus labios, - ¿Por qué?
Levantándose arrastró consigo las últimas horas a su lado, horas donde había olvidado cuanto la amaba para en cambio sólo brindarle rencores, frustraciones y reproches. Ahora era tarde no podría decirle cuanto la amaba.
De repente escuchó alguien que gritó ¡Aquí hay otro cuerpo!
¿Otro cuerpo? Pero sólo estaban ella y él. Acercándose vio con horror el cuerpo, estaba yerto y un hálito de dolor desencajó su rostro. ¡Era él!
En eso sintió una mano sobre su hombro, el miedo recorrió su cuerpo y sin poder voltear a mirar, escuchó – Es hora, te espero- Su vida había terminado, a su modo de ver inconclusa. Con un suspiro de resignación se alejó pensando si tendría otra oportunidad para amarla.
Y en la tierra la mujer al recuperar el conocimiento preguntaba - ¿Mi esposo, está bien?
R.- El séptimo Ángel
Quedaban doce horas para el final del mundo, un intervalo de tiempo que yo aguardaba con inquietud. Hacía mucho que esperaba este momento y hoy parecía el mejor día para terminar con todo. En una sociedad como la nuestra el fin de la existencia es algo justificable, y es que mientras los seres humanos sigan siendo humanos, la muerte y la vida vienen a ser lo mismo.
No pensaba pasar a la historia por aquello que iba a realizar, tan solo sabía que en mi mano estaba, como tal vez nunca lo estuvo en la de ningún otro, y por tanto tendría que cumplir con la misión que se me había encomendado. Tal encargo, para el cual había sido instruido desde mi nacimiento, se iba a convertir en el hecho más extraordinario desde la creación, y lógicamente no podía ser otro que “la destrucción”.
Era para lo que había sido destinado, justo para el instante en que el Universo reclamara lo que era suyo, y estaba dispuesto a devolvérselo. El hombre había campado a sus anchas por el mundo sin haber aprovechado sus oportunidades. Pero no era momento de juzgar, pues ese acto ya se había producido. La sentencia era firme, tal como en su día se anunciara en el “Apocalipsis de San Juan”. El tiempo de los hombres se llegaba a su fin, yo era el ejecutor, aquel que había sido creado para acabar con todo, y es que las leyes de la naturaleza a veces son muy duras, más cuando son divinas. Los últimos segundos se terminaban, el tiempo se había consumido, era el final…
Pero de pronto una voz sonó en mi interior ordenándome que me detuviera. Acababa de concederse una segunda oportunidad, tanto los hombres como yo mismo habíamos sido puestos a prueba y esta se había superado. En estas extrañas últimas horas había aprendido a creer en la esperanza
S.- Sepultura
Ahí estaba junto a la modesta sepultura, no le llevé flores porque lo consideré innecesario.
Lo recordé como había sido en vida.
Desde pequeño un observador de la vida, temeroso por lo que pudiera pasarle a los demás; amigo de sus amigos e incluso amigo de los animales. Le costaba mentir, decía la verdad aunque cayera como patada en la guata; malo muy malo, la sociedad no lo aceptaría. Como era inteligente comenzó a mentir, suaves embustes para ser aceptado; lo encontraban triste y silencioso, pero no lo podían parar cuando tenía que hablar.
Se decía que tenía condiciones de asceta, pues se iba a la montaña a estar solo con Dios y la naturaleza.
Recuerdo que en política nadie le tenía confianza, pues cuando trataban de meterle en su cabeza sus credos, sonreía y callaba. “¡Es tonto, no entiende!". Un viejo que los escuchó “Por el contrario, es muy inteligente”.
Cuando la muerte lo rondó, dejó escritas todas las instrucciones, ordenó sus seguros ante el espanto de la esposa e hijos. Pero, cabeza dura al fin, dejó todo en su lugar, más recomendaciones que lo velaran en una iglesia, por si Dios se apiadaba de su alma y no fueran sinvergüenzas a comer y beber gratis. Ah, que lo cremaran y dejaran sus cenizas en los campos; esto no lo aguantó su familia y al hoyo fue a dar, con su problema de claustrofobia y todo.
Nadie se detenía junto a su tumba, las personas pasaban indiferentes por mi lado ¡Y yo creí que todo el mundo lo conocía! ¡Cosas de la vida!
Bueno Jaime, ya duermes por la eternidad y yo, tu recuerdo, seguiré llamándome Jaimito para los amigos
T.- Después de la jornada
Unos días como tantos, llenos de frustraciones, de cansancios producidos por el móvil de la subsistencia. Ires y venires sin miramientos, tan solo con el puro objeto de ejecutar el poder en subalternos. Y yo en el medio de tan productiva labor, como los peones de un juego de ajedrez.
De regreso, creí desvanecerme antes de llegar por tanto desaliento. Sin embargo siempre saco de mi una fuerza pequeñita oculta que nunca está a la vista y que se queda para estos momentos en que creo no poder más.
El estaba allí, en medio del salón, con un paisaje fascinante por testigo, algo de beber, sé que frío, pero no recuerdo bien el contenido.
Con sus ojos también desfallecidos preguntó por el día, a lo que respondí entre balbuceos agotados con una especie de suspiro por la alegría de haber llegado temprano.
Manifesté las puntadas que emitían mis talones por la excesiva caminata de la que fui objeto durante la jornada y en un gesto medio cómplice, medio pícaro me invitó a sentarme antes de proseguir con el delicioso acto de despojarme de todo lo que llevaba encima para ponerme cómoda.
Me senté frente a él, y descalzó mis pies, colocándolos sobre sus rodillas. Así fue relatando sus proezas laborales, con voz pausada, como si quisiera arrullarme y hacerme olvidar las mías.
Sus manos, suaves como siempre, se sumergieron en cada uno de los espacios de mis dedos, frotándolos como si tuvieran un aceite especial que deslizara el contacto de su piel con la mía. Bajó hacia mis talones y con la precisión de un experto logró desanudar las presiones que me aquejaban.
Por último llegó a mis tobillos y con movimientos circulantes, logró que mis pies se relajaran al máximo mientras seguía su relato.
Me miraba y sonreía, sabiendo que estaba fascinada ante aquella grata sorpresa. Y yo, sonriendo con ternura, juré que ese fue uno de los momentos más íntimos y hermosos que podría haber vivido.
Un timbre sonó lejano, molesto, imprudente.
Los momentos tan sublimes duran poco… o no existen.
Y en ese momento desperté.
U.- Hada Enamorada
Hada de los bosques que engalanas la naturaleza, y castigas al rocío haciendo brillar mas el sol, celosa del amor que no puedes abrigar en tu corazón, al cual miras desde lejos sin poder saborear lo afable de una pasión que no es de tu naturaleza y dejas tu labor de embellecer por avizorar amores prohibidos, en los que no puedes ser estrella.
Hada, que deseas sentir como humano, teniendo tantas virtudes, siendo un ser especial, sería un placer para ti regalar tu deidad, por una noche vedada, donde el frenesí la consuma,
¿Por qué arriesgar tanto hada, por la pasión de una noche?
La vida de un humano es un privilegio, dulces penas, amores con defectos, pero la entrega de un corazón en un sublime encuentro, deja con ansias a un hada tan perfecta y con encanto, de degustar tan solo un rato de algo tan sublime: el amor entre humanos; aunque así terminen sus días.