Tal vez porque la duda misma nos carcome; ser valiente y decir lo que uno siente en un momento determinado a veces hiere más que si soltamos la lengua para calmar los dolores de colmillo de un perro -válgame la comparativa-, ser hipócrita cuando se puede dar una bofetada, es equivalente a dejarse insultar, a veces uno por respeto pone la otra mejilla, la que no han golpeado nunca, sobre todo si el valor de nuestros principios nos hace ver la forma menos traumática para mostrarle a la persona que tenemos delante, que no somos ni los mismos, ni tan parecidos como nos tiene por voz...
Los juicios del hombre siempre traen consigo piedras, a veces las piedras llevan dentro una gran bola de hierro, otras simple algodón, generalmente cuando nos toca recibirla, el hierro llega raspando, cuando nos toca devolver el golpe el sentido se impone y la valía de uno se multiplica por mil.
Si insultan, duele, lo lógico es que duela, de otra manera no nos pondría a pensar en el valor que le damos a la compañia de esa persona, a veces, caballero, más vale encontrar la alimaña sobre la cama, que bajo ella...