EL RESTO DE MÍ
Y de nuevo vuelvo aquí,
como en un viento que a tus cipreses acaricia,
como los nenúfares a florecer en tus riveras.
Y de nuevo soy para ti, como regresando al útero,
repartiéndome en las profundidades añoradas,
devolviéndome a la tierra.
Y de nuevo estoy contigo,
envolviéndote en mis alas,
y tú, enredándome las piernas.
Y reconozco tu calor,
el calor que de tus pechos mi sangre hierve.
Y descarnan mi rostro tus besos,
y tus besos matan.
Y aquí estoy, dándome la oportunidad de recobrarte,
de recobrarme en despertando ebrio de tus aromas.
Estoy esperando dormir para ya no tener que soñarte,
y espero saber reconocerme en ti, al atravesar tus puertas.
Y vuelvo a ti porque nunca me fui,
mis manos se quedaron aferradas a tus piernas,
mis ojos mirando el río,
en tu cama dejé mi sien izquierda,
y en tu cintura, en tu cintura mis brazos.
En el cielo nocturno flota mi corazón.
En ti lo dejé todo, hasta mi voz,
y sólo el eco de mis pasos partió conmigo y mi sombra,
el resto de mí aún es tuyo.
Daniel J. Mendoza
ISAAC BAJO LA DAGA
Tan incierto e inameno como una hoja que agoniza en el verano,
disminuido y volátil las sombras me rondan, mis rodillas astillan,
tan frágil que tu aliento me dobla, tu aliento, cuánto frío por la mañana.
Tan endeble que soy, cual el humo que se eleva entre tus escurridizos dedos,
inapelable, inalterable, lobo colmillos de papel, sumiso indefenso,
y tú quieres contarme entre las estrellas.
Desesperado que me alimentan tus manos y encienden mi paisaje,
y soy ciclópeo estropicio de paralelismos ausentes, una eventualidad lejana
en el espejo glauco de tu mirada, soy lo que puedo en el arco de tus caderas.
Soy lo de siempre y no lo que quiero; quiero me lleves hasta la luna.
Desesperanzado, fatal fatalista, falto de ti, falto de fe; cómo lloran mis noches.
Nada, y vivo libre en los campos templados de mi memoria, libre sobre tu espalda,
visión pervertida de la oscuridad, aparición infrahumana que busca besarte;
exhausto incólume, desfallecido cadáver, las postradas intenciones, soy y quiero.
Tan lastimero inaudito cual un verso ladrado, titán ahogado en una lágrima tuya.
Me confundo con el rayo, deseando me calmes entro a tu cama, deseando.
Extraño suceso de anacrónica mirada, sigo tus pasos colmados de lirios,
tan anómalo y soberbio, me quiero inquietar sobre tu cuello, floreciente limonero;
quiero a tus piedras perturbando mi sangre, y resucítame de entre mis muertos, y así.
Álgida efigie labrada de tus palabras, arrástrame al viento, muéstrame el sol
En cualquier lugar tomaré tus manos, para volcarnos en torrentes que al cielo incendien.
Tan solo sin tus nubes, flácido mareo, azoradamente emparedado en el infierno,
petrificado y en silencio me resigno, me encomiendo, como Isaac bajo la daga
cuando el aroma de tus piernas abraza mi cintura, cuando de tu sonrisa perlas
a mi indigencia germinan, cuando en lontananza te imagino y
de colores tornas mis penumbras, es que a tus destinos me he entregado.
Daniel J. Mendoza
A mi me gusta tu estilo de dejar para el final las cosas más elementales de las historias que contas, es una habilidad que sin duda, al saber utilizarla como vos, te hace distinta al resto, de los que he leido hasta hoy al menos, sos buenísima. ¿Has escrito guiones alguna vez?