Me reitero de nuevo: Mabel se ha ido, ha cumplido su ciclo y ahora quiere disfrutar de los fines de semana, mientras, yo espero algún día alcanzar mis sueños, entre tanto tendré que seguir luchando por hacer que el Virginia no pierda el espíritu que todavía le pueda quedar, aunque temo que es una labor más complicada de lo que parece, me siento agotado, desmotivado e incapaz. Reconozco que mis ganas no son las mismas que cuando empecé en este mundillo, suele pasar pero es que han cambiado tantas cosas en tan poco tiempo que me ha hecho pensar si no estaré echando a perder mi vida de mala manera. En ocasiones me planteo que podía haber llegado a triunfar en esta vida pero a veces las cosas suceden así.
Quien sabe, igual ahora cambia mi actitud, igual utilizo el bar para mis fines personales en vez del bien de este, pero se que eso no ocurrirá pues si una cosa me han enseñado en esta vida es que hay que ser profesional, por tanto hasta mi último día en el Virginia permaneceré siendo el último vasallo al servicio de quienes deseen compartir sus momentos con nosotros, hasta el día en que me toque abandonar el barco como tantos han hecho antes, aunque mi salida será por la puerta de atrás, porque sólo los grandes se van sin hacer ruido
Tal como intuí, mi salida aunque no ha sido todavía del todo definitiva (pues de vez en cuando hago apariciones estelares por el susodicho local), ha sido por la puerta de atrás, sin hacer ruido y aceptando mi parte de culpa por el hundimiento de la nave. Y es que como no me he cansado de explicar al capitán una y mil veces, cuando un navío se encuentra viejo, o lo arreglas o se convierte en ruinas, y lo normal si te haces a la mar es que acabes pereciendo en ella. Pero claro, el problema es aún mayor cuando los capitanes se quedan en tierra, y dejan al barco y a la tripulación a su maldita suerte, con lo que las opciones de salvarse son harto complicadas.
En fin, son lances del destino, unas veces te toca vivir cosas buenas y otras muchas lo contrario, cosas menos buenas. En cuanto a mí, si me va mejor o peor, si alguna vez me he equivocado en el camino a elegir, pues es algo que no sé. Tampoco me importa, pues si algo hay en esta vida son caminos por recorrer, y siempre puedes tomar uno u otro. Si da la mala suerte que siempre coges los malos pues habrá que aceptarlo, porque si de hay algo de lo que me he dado cuenta en estos últimos tiempos es que teniendo salud lo demás siempre es solucionable.
Pero volviendo al Virginia y a todo lo que le atañe, ni siquiera el más optimista conozca lo que pueda pasar con él, tal vez y sólo en el hipotético caso de un milagro, se pueda salvar la situación y dar la vuelta a la tortilla. Yo ya hoy me veo incapaz de ello, soy un viejo lobo de mar que únicamente piensa en su retiro sin añorar tiempos pasados, y mirando de frente el día a día que le rodea. Tal vez algún corsario consiga algún día volver a poner en rumbo esta Nave a la deriva, y quien sabe si las aguas se pueden calmar y estabilizarse por si solas. Esperemos que finalmente se escape, aunque mientras los capitanes sigan con esta actitud, lo veo muy difícil. Da mucha pena por lo que significa el bar y su historia, pero es su realidad. Ojalá el tiempo nos ponga tarde o temprano a cada uno en el lugar donde debemos estar.
Los sueños en el ardor de la juventud se encienden, y luego cuando aceptamos la realidad se apagan y acaban en ceniza (Juan Cobos Wilkins- El Corazón de la tierra)
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