Mabel ya se fue del Virginia, el bar donde trabajo, y con ella se va el último eslabón de una saga, se puede decir que una parte del local se ha ido con ella, los últimos recuerdos de un lugar que como todo en esta vida ha cambiado totalmente y nunca recuperará su seña de identidad. Si el cambio ha sido para mejor o peor eso sólo lo pueden decir las generaciones que lo disfrutan en su momento, y yo me debo a aquellas que piensan que cualquier época pasada fue mejor, la que me tocó vivir.
Hace un año en estas misma fechas Sergio nos abandonaba igualmente, supongo que el año próximo seré yo el que desaparezca de este barco en el que como de todos es sabido nunca debí embarcar y sólo por accidente recaí en él. Si el Cata siguiera entre nosotros todo sería distinto, y ojalá así hubiera sido, las cosas hubieran sido mejor para todos, eso es algo que siempre he tenido muy claro, pero la vida se empeña en cambiar el curso de las cosas y hacerlas a su antojo y es algo que queramos o no tenemos que aceptar. Y vale que haya pasado muy buenos momentos trabajando aquí, pero no nos engañemos, yo tendría que estar fuera de la barra, hablando de música con el Cata que siempre me dejaría que entrara a la gabina a poner un par de temas a mi gusto. Además, para qué ser hipócritas, todos los que me conocen bien saben por qué acabé trabajando en la hostelería, de que iba huyendo y de que me estaba refugiando. Quizás si los acontecimientos hubieran salido bien después de aquel día en que todo se torció a mi alrededor las cosas habrían tomado otro cauce, y es casi por seguro que mi vida habría sido bien distinta este tiempo. ¿Mejor? eso nunca se puede saber, pero al menos no tendría que soportar ese dolor que sólo el trabajo, y muy especialmente el Virginia supo cicatrizar, aunque no curar, pues hay heridas que con el tiempo se vuelven a abrir de la forma más inesperada.
Todavía recuerdo cuando Mabel comenzó en el Virginia, aquella tenía que haber sido la última vez que yo trabajaba en un bar, pues por razones referidas a la fecha antes mencionada y bastante personales yo por aquellos entonces tenía otras preferencias por mucho que me gustara aquel lugar, y Mabel llegaba llena de vitalidad con ganas de comerse el mundo, era la persona ideal para ocupar el puesto. Luego como ya he dicho antes, el destino me llevó otra vez allí, y tengo que reconocer que junto a ella y Sergio vivimos momentos verdaderamente buenos. Con las ganas que pusimos se puede decir que el bar logró sobrevivir a la adversidad y resurgir de sus cenizas como en los viejos tiempos. ¿Qué si aporté yo algo a eso? no lo se, supongo que fue por el conjunto, el trabajo en equipo, pero reconozco que nunca disfruté tanto como en esa época. Luego vienen otros y se echan los méritos, incluso alguno que llegó a trabajar un par de semanas en el bar y parece ser que en ese tiempo lo llenó de gente, vivir para oír, pero eso es un tema en el que no voy a entrar pues hay personas en esta vida que cuanto más lejos y menos trato tengas con ellas mejor será para ti, pues como te descuides te sacan hasta el corazón. De todas formas no me importa, yo he hecho mi trabajo todo lo bien que he podido, y como dije antes hubiera preferido no hacerlo pues eso significaría que el Cata estaría entre nosotros, pero de todas formas parece ser que tampoco he debido hacerlo tan mal vistos algunos resultados, sólo cumplía con mi obligación que no es poco.
Me reitero de nuevo: Mabel se ha ido, ha cumplido su ciclo y ahora quiere disfrutar de los fines de semana. Mientras, yo espero algún día alcanzar mis sueños, entre tanto tendré que seguir luchando por hacer que el Virginia no pierda el espíritu que todavía le pueda quedar, aunque temo que es una labor más complicada de lo que parece, me siento agotado, desmotivado e incapaz. Reconozco que mis ganas no son las mismas que cuando empecé en este mundillo, suele pasar pero es que han cambiado tantas cosas en tan poco tiempo que me ha hecho pensar si no estaré echando a perder mi vida de mala manera. En ocasiones me planteo que podía haber llegado a triunfar en esta vida pero a veces las cosas suceden así.
Quien sabe, igual ahora cambia mi actitud, igual utilizo el bar para mis fines personales en vez del bien de éste, pero se que eso no ocurrirá pues si una cosa me han enseñado en esta vida es que hay que ser profesional, por tanto hasta mi último día en el Virginia permaneceré siendo el último vasallo al servicio de quienes deseen compartir sus momentos con nosotros, hasta el día en que me toque abandonar el barco como tantos han hecho antes, aunque mi salida será por la puerta de atrás, porque sólo los grandes se van sin hacer ruido.
Sólo una espina, me hubiera gustado trabajar junto al Cata, no en su lugar, pero la vida es así de injusta y se lleva a las grandes personas antes de tiempo.
