


El maestro. Los italianos lo comparan con Caruso. Un hombre de su época que nunca hizo de la cultura un bien elitista. Cantó con todos, los buenos (Bono), los mas o menos (Meat Loaf) y con los malos (Maria Carey). Miró los abusos de la guerra. Le cantó al amor, a la soledad, a la tristeza. Nadie olvidará como cantaba Nessund Dorma o de la mano de otros grandes como Carreras y Domingo, en ese concierto histórico dirigido por el gran Zubin Mehta, como interpretó O sole mio.
No olvidemos que en Pavarotti existía un gran intérprete, un gran artisa (cantar a Donizetti o a Verdi y hacer sentir la misma emoción de entonces es un arte) y sobre todo, un ser humano que como Bono (el único pop bueno) miraron que no se puede ganar millones de dólares y cerrar los ojos a la desdicha. Que descanse en paz en el Eliseo, degustando la comida de Vatel, bebiendo hasta reventar y cantando al lado de Caruso, por que Pavarotti nos deja ver que el arte al final de cuentas Vencerá....


