Me pareció increíble poder conversar con Lino Sangalli finalmente, en persona, y es que mi novicia experiencia literaria me había mostrado que se trataba de un hombre maduro, preparado y dueño de un humor fino, casi sarcástico. Sus historias, publicadas en el portal del Escribe Ya daban fe de su talento. Todo empezó con una llamada que él me hiciera al teléfono celular, cuando me encontraba en una cabina de internet. Intempestivamente, coordinamos para un encuentro al día siguiente, en el cruce unas avenidas muy concurridas del Centro de Lima. Un amigo mío de la universidad optó por acompañarme, y Vivian mejor conocida como Isisla_2 en el mismo portal también quiso conocerlo, por lo que sería un encuentro triple, al menos desde la perspectiva literaria.
Cuando lo vi cruzar la avenida Wilson hacia donde nos encontrábamos, no imaginé aunque debo reconocer que lo venía planeando un día anterior que terminaríamos en el 630 del jirón Zepita, escenario de mi relato Insomne y de las desventuras de los personajes de mis dos primeros esbozos novelescos. El bar terminó siendo demasiado real a esas horas de la tarde tres y media aproximadamente, o sea que fue una mierda de bar, una porquería pestilente de habitáculos que, al ser limpiados por el mozo, terminaron despidiendo un olor exageradamente burdelero; pero esto no aminoró el interés de ninguno de nosotros o al menos así me pareció. En consecuencia, el bar terminó siendo cien por ciento limeñísimo, y fue así como empezamos a presentarnos los unos a los otros a través de algunos de nuestros puntos de vista alusivos a las temáticas que, deliberada o espontáneamente, tranzamos sobre tres primeras botellas de cerveza.
Lino mostró una percepción bastante compleja y vasta de los acontecimientos contemporáneos, y era obvio, pues tiene la edad de mi padre debo añadir, salvando las diferencias, que yo tengo aproximadamente la edad de uno de sus hijos; conversamos de todo, incluso del triste papel de la selección peruana de fútbol, el cual es un tema que nunca suelo comentar por considerarlo no sólo innecesario, sino también inservible Hablamos de muchas cosas, de anécdotas pasadas, de la experiencia en el Escribe Ya y dentro de este ámbito, también nos dimos el lujo de hablar del higadito del portal, pero de una manera alturada y a la vez divertida, de los futuros proyectos, de las manías, de los gustos, del sistema educativo, de box, de economía aquí Lino resultó siendo un profesional en la materia, de política, de literatura, de predisposiciones genéticas en el talento de los hijos, del chino cincuentón que vendía sándwiches en el restaurante de la esquina, etc
Tanto mi amigo, como Vivian y yo, quedamos satisfechos con la reunión. Todos habíamos expuesto diferentes puntos de vista y aprendido algo el uno del otro. Y a pesar de que sólo bebimos seis cervezas en total y unos cuantos cigarrillos, las horas volaron indiferentemente, de tal manera que las seis y treinta de la tarde nos sorprendió oyendo a Héctor Lavoe. Ah, también hablamos sobre el triste final de este cantante. Así, con la promesa de reanudar el encuentro en otra ocasión, Lino abordó un taxi rumbo a Miraflores, tan satisfecho como nosotros, o al menos eso es lo que deduzco por el mensaje de texto que me envió dos horas después. En fin, fue un grato encuentro, y aunque no soy proclive a acompañar mis escritos con imágenes, considero que éste tiene razones más que suficientes para presentarles esta foto:
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Amigo Lino, gracias, estaremos en contacto.
Carlos Aurelio Díaz Enciso
